¿QUÉ SE NECESITA PARA APRENDER UNA PALABRA?

Encontrar las palabras en el discurso hablado es mucho más difícil de lo que en principio nos imaginamos. Sólo hay que pensar en si somos capaces de hacerlo cuando vamos a otro país y oímos hablar un idioma del que no conocemos absolutamente nada. Nos encontramos rodeados de sonidos que nos parecen más o menos continuos. El lenguaje hablado no está separado por puntos, comas y demás signos de puntuación. De hecho, recuerdo el comentario al respecto de un amigo germanoparlante cuando oía hablar español. Le parecía que no había las separaciones entre palabras y frases que él requería para identificarlas como tales y que le parecían imprescindibles en su idioma. Es en nuestra mente que las palabras aparecen separadas. En la realidad se confunden y se funden unas con otras. ¿Cómo hace un niño para diferenciar entre estas unidades del lenguaje?

Probablemente sea porque el bebé está biológicamente predispuesto a buscar regularidad y estructuras en el idioma que oye. Parece comenzar con las unidades de mayor duración (las frases) y desplazar su atención posteriormente a aquellas más pequeñas (las palabras).

Para aprender una lengua no basta con oír los sonidos. Deben ser también recordados. Y uno de los que con mayor frecuencia oye el bebé es su propio nombre. Algunos estudios demuestran que a la edad de 4 meses ya lo reconocen.

¿Por qué es tan fascinante la primera palabra? Al fin y al cabo, es algo que se produce en cualquier lugar del mundo cuando cualquier bebé alcanza una cierta edad. ¿Por qué es tan extraordinario algo que es tan frecuente?. En primer lugar porque después de muchos meses de difícil comunicación, tiene lugar este gran avance. Los adultos ya ni percibimos la dificultad de la tarea a no ser que estemos en proceso de aprendizaje de otro idioma. Un niño de un año o año y medio se siente varias veces al día como nos sentimos los adultos en esta situación.

Su problema es buscar entre la masa del lenguaje que le llega cuáles son las palabras y qué podrían significar. Y no es tan fácil teniendo en cuenta la variedad de objetos, acciones y eventos presentes cuando dichas palabras llegan. Para que la palabra pronunciada se considere como tal, debe ser usada de forma constante y no ligada a un único contexto. Por ejemplo, debe decir sol cuando le molesta en la calle, cuando lo ve dibujado o cuando entra por la ventana, no en una sóla de estas situaciones.

El bebé está aprendiendo a utilizar las palabras como símbolos. Una secuencia de sonidos corresponde a un concepto. Y que pronunciando estos sonidos, evoca el concepto en la mente de la persona que escucha, aunque ninguno de los dos tenga en ese momento el objeto delante. También está aprendiendo que la palabra no tiene el mismo sonido que la cosa a la que designa (con algunas excepciones, las onomatopeyas).

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