CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Albania.

Me estoy leyendo un libro de Lia Chinosi que se titula “Miradas de madre” y habla de cómo crían las madres a sus hijos en otras culturas. La autora ha encontrado su información en la experiencia profesional en el proceso de integración de madres inmigrantes.

¿Qué nos cuenta sobre Albania?

No creo que en Albania las pautas de crianza sean tan distintas de las de otros países europeos de los que, quizá, tengamos más información. Pero dado que Lia Chinosi nos lo narra, os resumo un poco lo que más significativo me ha parecido.

Embarazo.

Durante este período, a las mujeres se les destinan los mejores alimentos y la familia entera redistribuye las tareas domésticas más pesadas para liberar de ellas a la gestante. Una mujer declara: “A pesar de la pobreza, la embarazada era una auténtica reina”. El control médico durante el embarazo era muy exhaustivo hasta 1990, fecha en que cambios políticos llevaron al agotamiento de esa situación. Hasta entonces las consultas eran mensuales, siendo muchas de ellas realizadas en casa. La ecografía no se consideraba un control preventivo.

Algunas tradiciones en esta fase son comunes a otras culturas. La mujer no debía cortarse el cabello, acto que recuerda demasiado el corte del cordón umbilical. No debía salir de noche, ni debía dejar fuera los vestidos del niño tras la puesta de sol.

Ajuar para el bebé.

Las preparaciones más pesadas se realizan al principio del embarazo, dejando para los dos últimos meses tareas como la preparación de pañales de tela, juguetes de trapo o fajas. Incluso en la actualidad, en algunas zonas, “los niños crecen con telas que les envuelven fuertemente el cuerpo”. Estos trabajos los efectúa la madre con la ayuda de las otras mujeres de la familia, que no era mononuclear, sino compuesta por un gran número de miembros (abuelos, hermanos, etc).

Parto.

Normalmente se produce en hospital, tanto en zonas urbanas como rurales. Los hombres no asistían, y en la sala de partos sólo podía estar el ostetra. Tampoco estaban permitidas las visitas hasta que la madre y el bebé eran dados de alta, momento en el que todos los familiares estaban esperándoles.

Tras el nacimiento, el bebé era separado de la madre y puesto en manos del personal del hospital, normalmente con el agrado de la madre que lo percibe como una ayuda tras el parto, mientras que será completamente competencia suya al abandonar el centro médico.

Puerperio.

Los rituales en torno a la madre se centran en que no pierda la leche. Por ejemplo, no se permite que sea abrazada o besada. Debía permanecer la cuarentena en casa, que se consideraba el lugar más seguro. La madre se encargaba del niño en exclusiva al cuarto día del parto. Sólo ella, por ejemplo, podía lavar y planchar sus ropas.

Cuidados de los niños.

Los hijos duermen en la misma habitación que los padres, al principio en la misma cama aunque esté presente la cuna. Reciben cuidados de sus hermanos mayores y de sus abuelos y se integran en la vida familiar desde el principio. Cuando empiezan a tomar sólidos, ingieren lo mismo que el resto de la familia, sentándose a la mesa y compartiendo esos momentos. Sólo cuando hay invitados se les lleva aparte: “ellos saben que en ese momento deben estar aparte”.

El recién nacido dormía en las habitaciones de uso común durante el día, siendo el dormitorio exclusivo de la noche. Sólo a una edad más avanzada y dependiendo de la disponibilidad, pasa a una habitación distinta.

A partir de los seis o siete meses, se preparaba una alfombra para que comenzara a moverse libremente. A los diez meses los niños eran sostenidos con tirantes caseros de tela cuando comenzaban a ponerse de pie. Más tarde la ayuda la recibían dándoles la mano hasta que eran capaces de caminar solos. La exploración se ve favorecida socialmente, atestiguándolo así numerosos juegos de movimiento existentes.

También en Albania los niños han sufrido recortes en su libertad de movimientos. La tendencia es la disminución del juego en la calle, y cuando se hace, es estrechamente vigilado por los padres. Los juguetes se fabricaban en casa y no se permitía usar como tales los objetos cotidianos.

Con anterioridad a los cambios políticos de los 80, “todas las mujeres trabajaban y tenían permiso de maternidad” hasta el cuarto mes de vida del bebé, que pasaba a manos de los hermanos y abuelos y “no tenían angustia de separación de la madre, porque seguía habiendo figuras conocidas a su alrededor”, “cuando la madre regresaba el niño no se confundía, sabe bien quién es la madre y quién es la abuela”. Durante el primer año, la madre podía ausentarse del trabajo para dar el pecho cada tres horas. En caso de que los abuelos trabajaran, se buscaba una cuidadora de la zona. La alternativa eran las guarderías estatales.

Alimentación.

En Albania no existen presiones en contra de la lactancia, así que la duración de la misma varía con la percepción de cuán nutritiva es, más que con la información dada por pediatras o fabricantes de leche artificial. Como media dura al menos nueve meses como alimento exclusivo, pero se prolonga más en función de la estación del año: “en invierno no se deja nunca de dar el pecho, ya que hay que esperar a que se produzcan las primeras verduras para preparar papillas”. La frecuencia de las tomas no está programada, excepto en los casos de vuelta al trabajo temprana.

La alimentación complementaria se inicia con papillas de harina de arroz, leche normal (la misma que toman los adultos), fruta triturada y yogur casero endulzado. Después se introducen alimentos salados y un poco picantes, como sopas de verduras y carne. La comida se prepara en casa, no hay mucha oferta de comida preparada industrialmente.

Cuentos y silencio.

Contar historias ha sido siempre parte importante de la vida familiar, que, de esta forma, hace partícipe al niño de normas sociales y relaciones humanas. En un regimen totalitario se usaban, además, para transmitir aquellas ideas que no se debían decir en público por ser un grave peligro para los padres (cárcel) y para los hijos (reformatorios).

Los domingos por la mañana abría el teatro de marionetas, por un precio módico. Si alguien no lo podía pagar, encontraba las marionetas en la televisión en ese horario.

Control de esfínteres.

Los pañales de tela son el método usado mientras el ansiado control llega. Aceleran el aprendizaje al permitir sentirse mojado y sucio y no ser siempre posible cambiarse inmediatamente. A los ocho meses comenzaban el aprendizaje. Y hasta que no se introdujeron los pañales desechables, a la edad de un año habían logrado el control diurno. El resto de la familia colaboraba en el adiestramiento, haciendo saber al pequeño lo desagradable que es el olor, y no tomándole en brazos cuando no está limpio.

Bilingüismo e inmigración.

El problema de la lengua reside en que el albanés se usa para los afectos primarios y el idioma del país de acogida el de la socialización fuera de casa. El idioma albanés es el que se usa en casa y colma las necesidades infantiles con su entorno. Al comenzar la escolarización, la madre y los hermanos mayores se encargan de hacer aprender el segundo idioma, para facilitar su integración. Al padre se le suele asignar la función de guardián del idioma de origen de la familia. Independientemente de que la inmigración sea temporal o definitiva, consideran importante que el pequeño sea capaz de comunicar con la familia albanesa que no ha emigrado, por lo que mantener la lengua es fundamental. A medida que crecen, los niños tienden a hablar más el idioma de sus compañeros de juegos, empleando el bilingüismo como un puente entre ámbitos y vivencias separadas. Esto es así para las parejas en las que ambos miembros son de origen albanés. Mientras que en las parejas mixtas, la madre ya sabe que el idioma mayoritario será el preferido por el hijo, con lo que desde el principio es el que emplea para dirigirse a él.

Ignoro hasta qué punto se puede generalizar lo anterior, ya que la información procede de un grupo más o menos reducido de madres inmigrantes. La verdad es que me recuerda bastante a lo que mi abuela me contaba de cómo se criaba a los niños cuando ella lo era. De eso, digamos, hará un siglo más o menos. Y por otras referencias que tengo era lo común en Europa. La próxima es la cultura china.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Eva
    Abr 21, 2010 @ 13:18:50

    Que curioso lo que cuentas de que se esmeran en cuidados para que la madre no pierda la leche!
    Y que bueno, que a pesar de verse influenciados no hayan desechado el colecho, no?
    Sique contandonos otras culturas, que esta muy interesante!

    Responder

  2. latribu09
    Abr 21, 2010 @ 16:03:34

    Gracias Eva por tu comentario.
    Quizá las cosas cambien según se vayan “modernizando”. Desde luego las madres inmigrantes albanesas que conozco no colechan.

    Responder

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