CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Túnez.

Lia Chinosi cuenta en su libro que la comunidad tunecina es de las más reservadas, y que solamente pudo hablar con madres inmigrantes los sábados por la tarde, cuando los niños iban a la escuela coránica con los padres. Entre ellas demostraban gran hermandad, solidaridad femenina, que ayudaba mucho a soportar la distancia con su país de origen.

Planificación familiar.

El número de hijos está por ley limitado a tres. Si una pareja desea tener más hijos, puede hacerlo, pero recibirá sólo para los tres primeros los servicios estatales.

Niño o niña

Aunque haya preferencia por tener descendientes varones, la noticia de un embarazo es siempre recibida con gran alegría. Las niñas son consideradas, además, como una inversión, ya que su futuro marido deberá pagar por ella una dote. A pesar de ello, hay preferencia por el nacimiento de un varón, ya que, la mujer deberá dejar la casa familiar al casarse, con lo cual su pertenencia al grupo se interrumpe, es alguien que se sabe desde el principio que está de paso en la casa, que no alegrará la vejez de sus padres.

Otro factor que pesa en la preferencia por el varón es que existe una jerarquía en el clan familiar. La madre/matriarca es la soberana de la vida de sus hijos varones y sus cónyuges. No existe la palabra suegra, se designa como mamá.

Preparativos del ajuar infantil

No es tarea exclusiva de la madre, sino que es completado con regalos de parientes y amigos. Los pañales no suelen ser desechables, sino que se hacen en casa con trozos de tela rectangulares, con la parte interna de tela y la externa con triángulos de plástico. La tela suele ser usada, para que sea más suave.

Embarazo

La tradición de dirigirse a las comadronas (mujeres sabias, expresión directamente tomada del francés) se pierde poco a poco a favor de los médicos.

Las mujeres que trabajan fuera de casa, antes del parto tienen derecho a un mes de baja, y a seis después del mismo. Si pasado este período debe reincorporarse, su suegra o una hermana cuidan del bebé. Durante la gestación se rebajan las cargas de trabajo doméstico, que recaen sobre los otros miembros del grupo, particularmente las mujeres.

Parto

Actualmente, la mayor parte de las mujeres opta por parir en hospital, al modo occidental. El parto en casa es minoritario, y se da más en zonas rurales. La costumbre es llegar al centro médico lo más tarde posible, después de romper aguas.

El parto ha perdido el significado social que tenía antiguamente, ya que está prohibido el acceso de familiares, las mujeres paren solas e inmediatamente se les aleja del bebé. Así se rompe el lazo concepción/nacimiento descrito en el Corán y en la Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza (siglo X), que hablan mes a mes de la evolución de la concepción hasta llegar a la “forma humana”.

Según un texto de la segunda mitad del s.XX, el parto tenía lugar sobre una piel de cordero sacrificado en la fiesta de Aid el Kebir (peregrinaje a la Meca). Otras veces en un agujero excavado en la tierra o en la arena. La partera se presentaba con todos los instrumentos de su profesión: un recipiente de cobre decorado con versos del Corán, un clavo, una guindilla seca, comino, una vela, un recipiente de seda verde con una navaja y un hilo rojo. El clavo y la guindilla eran para deshacer el mal de ojo. La vela se debía encender en el momento del nacimiento, para que toda la vida del niño sea rodeada de luz. La navaja para cortar el cordón umbilical y el hilo rojo para atarlo. El comino, después de machacarlo, se esparcía sobre el cuerpo del recién nacido, para darle un color luminoso a la piel. Tras soltar los cabellos de la parturienta y asegurarse de que no hay nada en la casa que se asocie a un cierre (deben estar abiertos los cajones, cerraduras, botones, cadenas, etc), desata las ropas y comienza a ayudar a la expulsión del feto. Tras el parto, la madre es envuelta en dos trapos de lana, la placenta se entierra y se viste el bebé con una camiseta y ropa estrecha. A la parturienta se le da una tisana hecha con higos secos, algarroba y uva pasa.

Puerperio

La vuelta a casa tiene lugar al día siguiente al parto. La madre encuentra una enorme y satisfactoria protección: “la madre y hermanas van a ayudar con las tareas domésticas. Sólo debe amamantar. Las mujeres con más experiencia ayudan con el niño, a distinguir sus llantos, diferenciando cuándo es de hambre, de sueño, de dolor, etc”.

La norma de no salir de casa en cuarenta días es tradicional. Su objeto es proteger al niño de posibles enfermedades. Sí se pueden recibir visitas en este período. Se da por finalizado con un baño ritual en el hammam o baño público.

Fiesta del nacimiento y nombre.

La pertenencia a la umma se da al nacer, la pertenencia a la familia a los siete días. Para ello se celebra una fiesta en la que el padre acepta al niño en su casa, corta un mechón simbólico, hace público el nombre y prepara un banquete para familiares y amigos. Se sirve cus-cus, cordero y tagin. La madre, a pesar de que se considera todavía impura, participa en el banquete, ya que se hace en su propia casa. Los nombres se eligen con el criterio de que sea bonito, tradicional, o que sugiera algo bello como serenidad o felicidad. A veces se les da el nombre de los abuelos.

Lactancia.

En el Corán se aconseja dar el pecho hasta los dos años, liberando a la mujer de su compromiso con el Ramadán. Sólo se desteta antes de los dos años si se considera que el niño está creciendo poco. Como consecuencia de la lactancia, el niño duerme en la habitación de la madre todo este tiempo y comparte con ella el espacio doméstico. No existen las guarderías. Si la madre no lo puede hacer personalmente, otra mujer de la familia cuida al niño. Raramente se pide que lo haga otra mujer extraña a la misma.

El pecho se da a demanda, también cuando ya se ha iniciado la alimentación complementaria. Las tomas nocturnas se consideran un momento para la comunicación privada entre madre e hijo, al que renuncian de mal grado ambos, ya que implica una separación física y el final de la compartición de la habitación.

Tras la inmigración, se quejan de la presión del sistema sanitario occidental para abandonar la lactancia. Y han optado, generalmente, por una adaptación. “Mi hija no quería sólidos. Durante el primer año quería sólo mi leche, nada más. Después, el médico me ha obligado a comenzar una dieta sólida, y tenía que hacerlo usando la fuerza. Esto ha arruinado su vida y la mía. Con mi segundo hijo no escucharé al pediatra.”

La introducción de otros alimentos comienza a los tres o cuatro meses. Se dan galletas, leche de vaca, fruta rallada, caldo vegetal o de carne, y un tipo de queso que se funde en el caldo. La introducción de sólidos es gradual. Se considera que se ha completado cuando los niños han probado un poco de todo, hacia la edad de un año. Pasan entonces a compartir comidas con el resto de la familia, que come de un único plato.

Sueño y vigilia.

Durante el día el bebé duerme en su cuna o, si es más grande, en su habitación. Por la noche, sin embargo, permanece al lado de su madre, que le duerme en brazos, al pecho y luego le lleva a la cama. Cuando se despierta durante la noche, se le da pecho, se le cambia y se le leen versos del Corán o se le cantan nanas (“duerme, duerme, niño mío, tu madre es la luna, tu padre es una estrella…”).

Masaje

Todos los días, por la noche, se da un masaje al niño antes de dormir, con aceite de oliva tibio. Se masajea la cabeza, el vientre, la espalda, orejas y manos. Sobre todo el vientre, para evitar gases y cólicos. La musicalidad y gestualidad que acompañan el masaje proceden de una larga tradición de cuidado del cuerpo, con ungüentos, perfumes, henna, reservados al rito femenino del baño purificador semanal, extendido a la vida cotidiana de los niños. Los pediatras confirman los beneficios de estos masajes, puesto que el aceite de oliva tiene propiedades cicatrizantes, antisépticas, sedantes, es rico en proteínas y ácidos grasos que penetran a través de la piel. Además es un momento de gran intimidad que hace que se establezca una comunicación a través del tacto, mirada y palabras.

Primeros pasos.

Los primeros pasos, señal de una incipiente autonomía, son facilitados enormemente por las madres. “Se comprende por los movimientos del niño cuándo quiere comenzar a caminar. Inicialmente se le pone sentado en las alfombras de casa: él busca gatear o ponerse en pie. Después se agarrará a las paredes o a los muebles para ponerse en pie. Finalmente los adultos le dan las manos, luego sólo una y posteriormente un sólo dedo. Poquito a poco caminan”. En el jardín o patio central de la casa se pone una especie de parque casero, con escalones pequeños que impidan que acceda a lugares peligrosos.

Dentición.

La aparición de los dientes, si provoca molestias, se alivia con trozos de pan duro. No con ella se deja la lactancia, sino que se le suministran nuevos objetos a los que transferir el gusto por mordisquear.

Juegos y vida cotidiana de los niños.

“El Profeta dice que los niños nacen como una página en blanco y que es tarea de los padres educarles y enseñarles la religión.” La vida cotidiana está impregnada de los dictámenes religiosos, que dan una serie de ritmos, sonidos, olores, colores, lenguajes, destinados a la benevolencia y tolerancia con los niños.

Tanto en zonas rurales como en urbanas, los niños crecen en el harem doméstico, en compañía de las mujeres adultas y de los otros niños, compartiendo las normas y las indicaciones de toda la familia. No existen las guarderías, y si una mujer no puede cuidar ella misma de su hijo, lo hace otra mujer de la familia. Raramente se recurre a mujeres extrañas a la misma.

La escuela infantil empieza a los tres años, pero sólo asisten cuatro horas, dos por la mañana y dos por la tarde. Confirma así a la familia como el centro educativo principal, no sustituido por la propuesta institucionalizada. La vivienda está preparada para la presencia de niños. Existe un patio central o jardín, al que dan todas las habitaciones, de modo que juegan bajo la vigilancia de todos.

Cuando el niño alcanza una edad en la que se considera que es capaz de comprender las reglas, al infringirlas es castigado, incluso físicamente y hasta en las escuelas.

Los juguetes se construyen en casa y son diferenciados según el sexo del destinatario. “Cuando era pequeña, para hacer una muñeca se hacía una cruz con dos palos para el cuerpo y los brazos, para la cabeza se vaciaba un huevo que luego se pintaba y un trocito de tela para el vestido. El juguete era propiedad del niño, no pasaba luego a sus hermanos.” El aprendizaje venía marcado por la figura materna y por el resto de familiares, pasando a un segundo plano los juguetes y el número disponible de los mismos. Muchos juegos se hacían con materiales naturales, como los huesos de los albaricoques como una especie de canicas, o un juego de habilidad con las piedras.

Actualmente los juguetes se compran, ya no se hacen en casa. Y se busca un primer objeto que sea de plástico para poder metérselo en la boca y que haga ruido. Al aumentar sus competencias motóreas, los juegos se diferencian en función del sexo. “Los niños juegan con arcos y flechas, o con las bicicletas. Las niñas juegan con muñecas, o con cacharritos para hacer comiditas.”

Corán y transmisión de normas.

Los límites y las prohibiciones vienen dadas por el libro sagrado. “Dice que los niños no deben mentir ni decir palabras malsonantes. A partir de los siete años debe rezar y realizar los baños rituales. Desde pequeños se les enseña que no deben tocar las cosas de los otros y deben respetar a los ancianos y obedecer a los padres.” La transmisión de normas se hace a través de cuentos y narraciones.

Salud.

El sistema sanitario tunecino, aún habiendo heredado una organización francesa, acepta la presencia simultánea de la medicina tradicional. “Si el niño no se encuentra bien, una curandera le mira las manos, determina qué tiene y da hierbas a la madre para curarle. Para el dolor de tripa se da una hierba de sabor desagradable, que se toma con trigo sarraceno. Para la fiebre, un destilado de flores de azahar y melisa, con un poco de azúcar. Para el catarro, se usa limón y aceite de oliva, o ajo y aceite de oliva tibio; debe beberlo, pero también se usa como ungüento para el pecho.”

Rituales de protección.

La tradición recomienda rituales, concentrados en los primeros meses de vida, para garantizar la supervivencia del niño. El más común es untar con henna la palma de la mano y teñirle el pelo con esta misma sustancia. Mayor protección viene dada a las familias que peregrinan a las tumbas de hombres santos.

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