CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Senegal.

Continuando con el libro “Miradas de madre”, llegamos a la comunidad senegalesa.

Embarazo.

Entre una de las etnias de Senegal, los diola, los niños que aún no han nacido, kuhuwa, son las almas de los antepasados que, por una muerte precoz o de una transgresión cometida en vida, buscan una vientre femenino en el que cobijarse, permitiendo que tengan un nuevo ciclo de vida. Durante la espera, los kuhuwa ocupan un lugar en la penumbra, a menudo en medio acuático, que es un sitio intermedio entre el mundo de los vivos y el de los antepasados. Quizá es por esto que suelen decir que “el niño recién nacido es todo agua, se puede modelar a nuestro antojo”.

La invasión del día a día del embarazo por parte de la medicina occidental no se ha difundido mucho en Senegal: “se hacen algunas visitas médicas durante el embarazo, en la ciudad o en el centro de salud más cercano…las ecografías no son muy frecuentes para quien no se puede permitir pagarlas y se hacen, como mucho, una o dos veces.” La medicina tradicional tiene en esta comunidad una función tranquilizadora: “usamos la manteca de karité para masajear el cuerpo y el vientre, así la piel queda sin señales, duchas tibias para relajarse, caminatas y reposo.”

La tradición prohíbe a la embarazada algunos alimentos, en especial la sal y el azúcar, que aumentan el volumen del feto, presagio de un parto difícil y quizá peligroso. La medicina moderna confirman estas indicaciones.

La preparación del ajuar del bebé es tarea de la madre y del entero clan familiar. Siguen la moda francesa, pero adaptada a su clima. Con sus propias manos preparan el portabebés que usarán para llevarle a la espalda. Es un paño largo de varios colores, con diferencias en la forma y el modo de coser en función del sexo del bebé. La madre se envuelve con esta tela y el niño permanece el mayor tiempo posible en contacto con ella. Los pañales se preparan con pedazos de algodón blanco, en contacto directo con la piel.

El descanso, el evitar las emociones demasiado intensas y los olores fuertes, una dieta equilibrada son los recursos tradicionales para crear un ambiente protector para el niño y la madre. Según se acerca el momento del parto, más se recurren a ritos del mundo simbólico de la tradición: “para favorecer un buen parto se machacan en el mortero algunas hierbas especiales con agua y se dejan macerar, después se da una ducha templada y se pasa junto al mortero, dándole una patada para tirar todo el contenido, esto ayuda a la salida del niño…en el último mes se bebe un agua especial, preparada con una infusión de una roca y de una hoja particular, que viene de Arabia Saudí”.

Nacimiento.

Es un momento exclusivamente femenino, la presencia del padre es algo excepcional. El lugar del parto refleja las diferencias sociales y territoriales: “hoy en día el parto tiene lugar en el hospital, sólo se da en casa en el campo.” La mayor parte de los nacimientos tienen lugar en casa: “mi abuela vive en el campo, es la ostetra del pueblo y usa medicina tradicional”. Ser ostetra significa haber adquirido experiencia en el sector asistiendo a muchos partos.

El cordón umbilical se seca y conserva como medicamento contra el dolor de tripa del niño, sumergiendo un paño en el agua hirviendo con el compuesto, que el bebé debía ingerir. Cuando el cordón está exangüe, se ata a la base un hilo de algodón. El punto de corte, a unos diez centímetros del vientre materno, se pone sobre un tallo de mijo. Lentamente se corta en tres secuencias distintas. Entre ellas se producen pausas, en las que se invoca el nombre de Allah, y se toca con la hoja del cuchillo la frente de la mujer que corta y la de las otras asistentes al parto.

La placenta se entierra en una ceremonia similar a la del corte del prepucio. Hay una cierta creencia a pensar que si una persona se aleja del lugar donde reposa su placenta, está potencialmente en peligro. Los hospitales, actualmente, no dan la placenta a la familia.

Al recién nacido se le ata una bolsa minúscula de tela que contiene algunos versos del Corán, y que anteriormente usó otro niño que creció sano.

Puerperio.

Los ritos de ingreso en la sociedad tienen lugar al séptimo día, cuando el cordón ya se ha secado y caído. El niño pierde el estado húmedo inicial y accede a una nueva etapa, en la que sale de casa como si fuera una tumba y renace un antepasado. En la fiesta se enseña al bebé el cielo, la tierra, los cuatro puntos cardinales y todos los lugares del universo doméstico en el que vivirá.

La pertenencia a la familia viene confirmada en una fiesta en la casa paterna, donde el padre corta un mechón de pelo y confirma públicamente el nombre. El apellido es siempre el paterno e indica el grupo étnico senegalés al que se pertenece en función de la tradicional división del trabajo (castas). El mechón puede ser conservado en una bolsita que el niño llevará siempre consigo, colgada del cuello. La elección del nombre es un asunto masculino, siendo una concesión voluntaria la participación de la madre. Sigue una complicada jerarquía islámica y local. En cualquiera de los casos, el nombre no se debe pronunciar durante el embarazo, sólo en el nacimiento, tanto por desconocer el sexo del bebé como por no haberle asignado aún un puesto en el ciclo de la vida que se inicia.

Cuidado del bebé.

Los niños crecen en estrecho contacto con el cuerpo materno, siendo la base de una lactancia prolongada. Se busca eliminar todas las experiencias negativas para el bebé. La casa tiene un cuidado ambiente en lo que se refiere a sonidos y aromas, cerrada al exterior y adaptado para proteger la diada mamá-bebé durante el período inicial. La madre no es la única que da el pecho al hijo: “los niños son educados por todos”. Con el comienzo de la introducción de sólidos, la madre delega el cuidado en tías, cuñadas, hermanas mayores, otras esposas del marido, suegra, etc. Es lógico, puesto que en las casas conviven tres generaciones al menos. Las funciones maternas y paternas vienen desarrolladas por el grupo entero.

El primer ambiente que el niño conoce es el cuerpo materno: “el bebé está siempre con nosotras, en el portabebés o en brazos”. Es una coincidencia completa entre sus deseos y sus necesidades y la capacidad materna de dar una respuesta adecuada. Si esta respuesta es satisfactoria, el niño se construye una adecuada representación de sí mismo y del mundo que le rodea.

El contacto cotidiano viene garantizado durante el masaje ritual, el transporte a la espalda durante las labores domésticas, la compartición de la cama con la madre y del paso de unos brazos a otros en el espacio doméstico. La estimulación constante produce un precocidad en el desarrollo motóreo y en la atención visual: “nuestros niños mueven los ojos y se hacen comprender ya desde el primer mes.” El pecho se da a demanda durante un año y medio o dos, durante el día y la noche. Incluso mientras se planea un destete, no se niegan las tomas nocturnas. Las madres afirman que los niños no se chupan el dedo, porque siempre tienen el pecho disponible.

La madre encuentra una gran libertad de movimientos gracias a la presencia constante de otros miembros de la familia que se ocupen del niño. Incluso en la ciudad, careciendo de parientes, las bonne (colaboradoras familiares) se encuentran a un precio asequible. Los niños pasan de mano en mano sin que ningún intercambio verbal se haga al respecto, sin interrumpir la conversación. La madre no tiene sentimientos de exclusividad respecto al niño.

La fase de dependencia se interrumpe bruscamente con la aparición de un nuevo hermano, dando paso a lazos fuertes con otros familiares, que se esfuerzan en recrear una relación estrecha para paliar la separación. Otra nueva etapa tiene lugar para los varones con la circuncisión. Muchos de ellos abandonan el mundo femenino materno, pasando a ingresar en el masculino, dejando la habitación de la madre (pasan a compartir habitación con hermanos y primos) y abandonando algunos rituales como el baño de purificación. El padre entra en juego, dictando las reglas de la crianza.

Hacia los cuatro o cinco meses se comienza a introducir otras comidas que no sean la leche materna. La salida de los dientes es la señal para ello. Se comienza con cremas de cereales o purés de verduras. Los adultos comen con las manos, con tres dedos, sentados por el suelo en círculo, con un plato central con carne, cereales y verduras. Los pequeños se sientan en sus piernas, y se les ayuda a tomar la comida del plato común, con lo que aprenden las reglas sociales adultas, como estar callados, permitir que el padre y los invitados tomen los mejores trozos, etc.

Sueño.

“Todos miran a los niños, todos hablan con ellos, todos les tranquilizan si tienen sueño, todos cantan las nanas. Te lo pones al pecho y le acunas, así se duerme.” El bebé participa en la vida diurna, pegado al cuerpo de la madre. Y también la nocturna, compartiendo la cama matrimonial o la del grupo de mujeres, separada de la de los hombres.

Vestimenta, higiene y masaje.

La ropa se confecciona en casa o se recibe de segunda mano de los familiares. Raramente se compra.

Los rituales de limpieza tienen lugar a diario. Dependiendo de la abundancia de agua en la zona, se hace una inmersión o una aspersión. Al menos se les lava una vez al día, a veces, dos. Tras la limpieza se les da un masaje vigoroso con manteca de karité. Comienza por la cabeza y la cara, para dar una forma armoniosa, se continúa con las extremidades y se termina con la espalda. Hay una maniobra final cuyo objetivo es alargar las articulaciones, suspendiendo la cabeza entre las manos de la madre. El cuello así se alarga, y se considera que otorga belleza a las niñas y coraje a los niños.

Hay una gran obsesión con el cierre del cráneo, que podría si no permitir la entrada de maleficios. El masaje para endurecer la cabeza se hace con manteca de karité o con manteca de cacahuete o con unas piedras negras llamadas “del mar Muerto”, que se mojan y se pasan por el pelo.

Dientes.

Para aliviar las molestias asociadas a su aparición, se les da una mezcla de agua, manteca de karité y miel, y se les ducha con agua caliente. Cuando la dentadura está completa se considera que el niño puede comer de todo y el destete se considera ya irreversible si no se ha producido anteriormente.

Desarrollo motóreo.

El fuerte lazo con el cuerpo materno, acompañado de estímulos táctiles, sonoros y visuales, favorecen mucho el desarrollo motóreo, permitiendo experimentar una autonomía del círculo protector familiar para reencontrarlo casi a la vez, en un juego simbólico de alejamiento/acercamiento que confirma el papel de la madre con un buen apoyo.

Las madres no muestran ninguna prisa por que aprendan a caminar. Se les deja gatear cuando no son portados, hasta que aprenden a ponerse de pie solos. Algunas investigaciones muestran un precoz desarrollo motóreo de niños senegaleses y ugandeses, hasta los dieciocho o veinte meses.

Los niños son estimulados a aprender a sentarse pronto, sobre todo las niñas, para no tener la cadera estrecha y facilitar el parto en el futuro.

Control de esfínteres.

Aunque hay una gran atención y tolerancia a los ritmos naturales del niño, la precocidad motórea es un punto de apoyo para el control de esfínteres a edades tempranas: “ya que aprenden temprano a estar sentados, a partir de los seis meses comenzamos a usar el orinal, conociendo sus ritmos a los ocho o nueve meses comienzan el control diurno.” El clima cálido de Senegal ayuda al autoconocimiento infantil en este proceso, no parece ser un entrenamiento “extraño” ni un chantaje. “Les dejamos desnudos y les enseñamos el pis y la caca que salen. En Europa es más difícil, porque hace más frío y no se les puede quitar la ropa.” “Por la noche es distinto, tardan más, dejamos el orinal en la habitación y si nos llaman les ponemos.”

No se considera un proceso angustioso, sino una etapa más del crecimiento.

Juegos.

Los objetos externos, diferentes del cuerpo materno, se introducen a los seis meses. Mirar algo más que la madre viene dado por nuevas fuentes de interés para el oído, la vista, y relacionándose con los otros. Los juguetes son en esta etapa materiales naturales como las piedras, sonajeros, y muñecas caseras de trapo. No se acostumbra a usar peluches, porque es corriente tener en casa animales, incluso gallinas y ovejas.

Salud infantil y ritos de protección.

No hay una relación fluida entre medicina occidental y medicina tradicional. La figura del médico debe responder a algunas características particulares según la tradición islámica, para determinar que sea confiable: “debe ser intuitivo, sagaz, de noble temperamento. Si le falta la lógica, no puede ser perspicaz. Si le falta la ayuda divina, no puede ser intuitivo. Quien no es intuitivo no puede acertar la causa del mal, ni identificar la enfermedad y por tanto indicar una cura correcta.”

Durante el primer año de vida se pintan los ojos con kajal, para evitar las infecciones. Y como ya se ha indicado antes, una mezcla de mateca de karité, agua y miel para el dolor de vientre. Con la misma finalidad, se usa el cordón umbilical secado.

Bajo la cama se pone un cuchillo para enfrentarse a los espíritus malignos. Y también una escoba pequeña de sorgo, para barrerlos antes de dormir. Bajo la almohada se pone carbón negro para evitar pesadillas y gritos nocturnos.

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