LA CREACIÓN DE UNA ESCUELA ALTERNATIVA MONTESSORI. Entrevista a una madre III

Última parte de la entrevista a Sybille, de buntglas. Aquí acaba la historia de la escuela Umaduma y cómo comenzó a enseñar a sus hijos en casa. Espero que os haya gustado. Gracias a Sybille por contárnoslo y por permitirme la traducción para este blog.

Entonces en junio de 2008 ¿cerró la escuela?

Sí, definitivamente no había más esperanza. Visto que en los últimos años la situación había sido muy inestable, obviamente no se nos habían unido nuevas familias, es comprensible. Al final quedábamos seis familias con nueve niños, de los que la mayor parte eran en edad de escuela media o incluso en el último año. Estos niños se inscribieron todos en el colegio público, aparte de nosotros y de otra familia.

¿Entonces?

La verdad es que mi marido y yo hacía ya tiempo que habíamos echado las cuentas muchas veces: la cuota mensual no era sostenible para nuestra cartera. El cierre del colegio, por tanto, no hizo sino anticipar una elección que con mucha probabilidad hubiéramos tomado de todas formas, la de abandonar el proyecto de escuelita. La opción de buscar yo un trabajo para pagar el colegio a nuestros hijos no era una opción real porque para mí esto hubiera sido un sacrificio demasiado grande. Sí, lo sé, mi alergia por un trabajo rutinario no es comprensible para la mayor parte de la gente, sobre todo para quien no me conoce personalmente.

¿Después de algunos años cómo analizas los problemas que tenía vuestra escuela?

Aparte de los problemas económicos y los relacionados a estos, como un sitio adecuado para el colegio o poderse permitir profesorado adecuado (y poder pagarles justamente)…Todos estos problemas están de alguna forma relacionados entre sí. El hecho de no tener un lugar estable para el cole ha contribuido a la falta de seguridad, y esto era motivo de duda y desconfianza para muchas familias que hubieran querido adherirse al proyecto. Y pensar que queríamos incluso abrir una sección de colegio infantil tipo casa de niños, para facilitar el ingreso de niños nuevos…Personalmente encontré demasiado laborioso el tener que enfrentarse continuamente con personas nuevas (profesores), a pesar del concepto pedagógico claro, ya que cada persona trae nuevos puntos de vista, nuevas ideas, nuevos motivos por los que discutir nuevamente algunas elecciones…

Otro problema, en mi opinión, era que la mayor parte de nuestros niños -también nuestro hijo- provenían de experiencias negativas en la enseñanza pública. Y con ello llevaban su mochila de desconfianza respecto al estudio, de alergia a lo que olía a colegio, como sencillamente un desagrado por la lectura, por los juegos didácticos…Era algo muy triste. Cuantos más tiempo el niño había estado en el colegio público, más tiempo era necesario (y hablo de años) para liberarse de todo lo malo que había vivido y de adaptarse a la libertad. Mientras que para los niños que sólo habían asistido a la escuela libertaria y después se inscribieron en la escuela pública, no hubo ningún problema con el cambio. En el sentido contrario era más difícil: quien ha sufrido un método de limitaciones en la libertad de aprendizaje, tiene dificultades cuando de repente se encuentra libre, pero también responsable…

Por ello me atrevería a aconsejar a quien quiera que sus hijos asistieran a un colegio libertario, montessori, o steiner o de otro tipo y que tema no tener la posibilidad económica de aguantar ocho o nueve años, de dar al niño la posibilidad al menos en los primeros años de aprender en libertad y autonomía. Una vez que en desarrollo personal ha nutrido la libertad interior, te has reforzado en tu ser individual de pensamiento y personalidad, y nada te lo puede quitar y tener que adaptarte a otros métodos se convierte en un reto con el exterior, no con tu ser interior. Esto es lo que pienso después de haber tenido la oportunidad de observar distintas experiencias.

Por lo que respecta a los niños que proceden de experiencias negativas en la enseñanza pública (o cualquier otra, no quiero demonizar el sistema público, ¡eh!), puede representar un problema no pequeño para la comunidad del colegio libertario. Depende seguramente del número de niños de este tipo, de su edad y de los propios individuos. Y luego no hay que olvidar que no entra a formar parte del cole sólo el niño, sino toda la familia, con su historia y sus experiencias, sus exigencias, su búsqueda personal de identidad y de estilo educativo…En resumen, por decirlo brevemente, veo que las escuelas libertarias que funcionan bien han tenido siempre mucho cuidado con este detalle. Umaduma no lo tuvo, también porque por motivos económicos, estaba contenta con cada familia que decidía participar. Pero decir que no fue un problema sería negar la evidencia. Y también es verdad, que, frente a situaciones difíciles, visto que nosotros mismos sabíamos por experiencia con la enseñanza pública como se siente, no sabíamos decir no. No es fácil decir qué está bien y qué está mal…Y por otra parte no es justo tampoco que una iniciativa privada como un colegio de este tipo asuma la responsabilidad y enorme trabajo de recuperar niños y chicos que chocan con la enseñanza pública ¿o no?.

En fin, un motivo para nuestra falta de crecimiento puede haber sido también el encontrarnos en un entorno pequeño. Las otras dos escuelas están cerca de las ciudades grandes de la provincia y continúan creciendo…

¿Cuáles son los puntos positivos de vuestra experiencia?

Muchos. Entre otros la libertad de poder jugar mientras que los niños lo necesitan (cada niño es distinto)…poder seguir siendo niños de verdad mientras se requiera hasta que para el desarrollo individual, sin que nadie te diga que eres demasiado mayor para jugar con la arena, o subirte a los árboles…Poder seguir tus propios intereses con todo el tiempo que quieras a tu disposición…La posibilidad de confrontarse y de crecer emocionalmente gracias a un grupo de niños de distinta edad, el poder sentirse el “hermano pequeño” o el “hermano mayor”,…No ser juzgado o enfrentado a los otros por aquello que eres capaz de hacer, de comprender, de aprender…Vivir en primera persona senderos de democracia y de participación, como decidir juntos dónde y cómo pasar el tiempo, hacer propuestas, escuchar las propuestas de los demás, crecer juntos en definitiva. Las únicas cuatro reglas del cole son válidas también para nuestra casa:

  • No herir a ninguno de palabra ni de hecho.
  • No molestar a los demás en sus quehaceres.
  • Usar con responsabilidad el material didáctico.
  • Dejar todo en su sitio y ordenado.

¿Arrepentimientos?

Me disgusta cómo fueron las cosas respecto a los idiomas. Sobre todo respecto al italiano (nuestra segunda lengua), mis hijos han progresado muy poco en los años de colegio. Será por la posibilidad de elegir libremente los contenidos y las propuestas didácticas, será sobre todo por la falta de continuidad de un profesorado adecuado, un poco todo junto, ahora nos encontramos que tenemos que solucionarlo de alguna manera y no es fácil. Cuando leo los consejos de BilinguePerGioco me enfado un poco conmigo misma, por haber creído que en estas condiciones los niños podrían haber aprendido bien los idiomas, vamos, que era un poco ingenua al delegar, en estas condiciones, la enseñanza del italiano en el colegio. Si pienso en todo lo que hubiera podido hacer yo misma…

¿Consejos para quien quiera fundar una escuela de este tipo?

Es fundamental ser un grupo de padres, de familias, con las ideas claras y compartidas por todos, con un concepto pedagógico concreto. Luego, importantísimo también el lugar y el profesorado adecuados. Y mucha paciencia, fuerza, confianza, la disponibilidad de no tener ninguna certeza, de abrirse a la vida, a la aventura de la educación no sólo del niño, sino (quizá incluso más) de sí mismos, de no tener miedo de empezar tantas veces de cero…

¿Y volviendo la vista atrás?

Fue una experiencia muy bonita que nos ha enseñado muchas cosas, nos ha hecho crecer y comprender qué queríamos. Debo reconocer que creo que para nosotros -para mi familia, aquí y ahora, con todo lo que ha sido nuestro camino para llegar hasta aquí- quizá sobre todo para mí, como persona, como individuo, la mejor vía es la enseñanza en casa. No es que me gustaría volver atrás y no tener esta experiencia de la escuela, porque de otro modo no estaría donde estoy. No sé, teniendo la posibilidad de empezar de nuevo, comenzaría inmediatamente con la educación en casa. Me falta la experiencia de homeschooling con niños pequeños, no olvidemos que quizá sería la persona menos adecuada para ello. Y que -subrayo:aquí y ahora- estamos muy bien así, en el sentido de que tenemos nuestras pequeñas, pero para nosotros preciosas, libertades: levantarte cuando quieres, decidir libremente tu jornada, ser responsable sólo ante ti mismo, tu familia, tu pedacito del mundo…no tener que estar en un sitio a una hora…adaptarte totalmente a tus exigencias o a las de tus hijos, sea en el método, en el horario, en el material didáctico..ser libre de experimentar, sin que nadie te diga que esto es montessori y está bien, y aquello no y por eso se rechaza…No más compromisos de limpiar la escuela, ir a enseñar cuando se necesita, tener graves problemas económicos (ahora ya no son graves, sólo medio-grandes, que ya es muy distinto), tener reuniones hasta medianoche, discutir y rediscutir hasta el infinito…No, el modo en el que vivimos y aprendemos ahora, por el momento ¡lo estoy disfrutando mucho!. Quiero decir, si mañana mi vecino abre una escuela libertaria, seguramente le felicito sinceramente y le deseo mucha suerte, pero no tendría intenciones de participar, de empezar de nuevo, aunque apruebe la idea. Quien sabe, quizá más adelante tenga la energía necesaria, en la vida no se sabe nunca…Cada cosa tiene su momento. En el fondo, todos los padres quieren decidir lo correcto para sus hijos y estas elecciones son distintas según la situación, el momento, la posibilidad. Ni la educación en casa ni la escuela libertaria ni la enseñanza pública son, en mi opinión, la receta ideal para todos, depende mucho de la situación concreta y de los individuos, no sólo del modelo educativo.

¿Cuáles son los momentos especialmente agradables?

¡Oh, tantos!. Entre ellos, los lunes, cuando los niños volvían sucios, sudados, mojados o helados del “día de la naturaleza”, felices y agotados…Recuerdo algunos proyectos en concreto que he hecho en el colegio, como las funciones teatrales. Escribimos algunas juntos, y siempre fue fascinante juntar las ideas hasta llegar a la obra final. En una obra sobre una niña vampiro que tenía que asistir a un colegio nuevo (interpretada por un niño), los chicos me hicieron interpretar a la profesora…


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