CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS.

Las siguientes ideas están sacadas de “Un niño con nosotros” de Grazia Honegger Fresco, discípula directa de Maria Montessori.

La importancia de los sentidos.

En el proceso de absorción infantil, sus principales herramientas son los sentidos, sus órganos sensoriales, cuya actividad precede a la actividad mental verdadera.

El de mayor importancia es el tacto, a través de toda la piel, la mucosa bucal, la lengua, los labios. A través del agarre al pezón y consecuente satisfacción de su apetito, constituye una de las herramientas cognitivas fundamentales y lo será durante mucho tiempo, más tarde con ayuda de las manos; llevarse a la boca los objetos aferrados es una etapa importante. El tacto no es como el de los adultos, no es simplemente tocar con los dedos, sino analizar manipulando, reconocer un objeto tocándolo, como hacemos cuando buscamos algo en un bolso sin mirar. Por ello son de gran ayuda los masajes y las experiencias en el agua.

Mientras que el tacto y el olfato son fundamentales para reconocer el propio cuerpo y para identificarse a sí mismo y a la madre, el oído es importante para el aprendizaje del lenguaje.

Los músculos ligados a la visión son de los primeros que el bebé consigue mover intencionalmente, para analizar contornos, formas y colores, y para establecer contacto con su cuidador principal.

Por qué los niños repiten.

También los adultos nos ayudamos con la repetición para memorizar algo, como un número o una poesía. Pero mientras que en estos casos se trata de un acto voluntario en los niños se caracteriza por su espontaneidad. Y se puede observar que mide sus fuerzas en relación al entorno. No basta con subir un escalón, sino que empieza desde el primero cada vez, hasta que haya adquirido la destreza que necesita.

La concentración, señal de equilibrio.

Otra característica de la primera infancia es la concentración con que los niños realizan una actividad, aislándose del entorno, a veces incluso en medio del bullicio, ejecutando sus acciones con ritmos y duraciones establecidas por impulsos internos. La infancia, ya que está ligada a la enorme tarea de aprender todo, tiene un fuerte poder de concentración. Pero no siempre ésta es respetada, sino que, a menudo, se interrumpe a los niños en sus actividades, a veces para conseguir otros objetivos (como, por ejemplo, que coma toda la comida).

Así que la concentración puede ser arruinada por las interrupciones constantes pero también como consecuencia de la pasividad que a veces le rodea, y que imita fantaseando solo, soñando con los ojos abiertos. Para los niños la concentración viene dada a través de la manipulación, siendo mejor evitar el esfuerzo meramente intelectual sin usar las manos. A menudo sucede que este hecho se ignora en los colegios y se traduce en las quejas “es que no está nunca atento”.

En resumen, cada petición infantil tiene una duración breve en el período de desarrollo y no se renueva. A menudo se agota antes si respondemos con prontitud. Si pasa el tiempo de adquisición de una nueva habilidad, para conseguirlo, al no ser ya un proceso espontáneo, natural y constructivo, se requerirá esfuerzo voluntario, con el riesgo de que, además, la adquisición sea incompleta o incluso nula.

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