EL APRENDIZAJE DE LA GRAMÁTICA EN LOS NIÑOS.

Los niños repiten lo que oyen, pero filtrado por su sistema lingüistico, que todavía no ha madurado. Por ejemplo, a un niño al que se le diga “Va a venir la abuela”, puede repetir “abuela” o “viene abuela”. La omisión de la estructura de la frase implica que no es una simple imitación lo que el niño está haciendo. Además, interpreta el lenguaje a su manera.

 

Otro dato a tener en cuenta es que las correcciones de los errores por parte de los adultos se producen pocas veces respecto al total de los mismos. Nadie corrige al niño constantemente (felizmente, por otra parte) cada vez que se equivoca.

 

Pero si el niño no imita sino que filtra y es corregido poco, ¿cómo se apaña para aprender la gramática?.

 

Algunos investigadores piensan que el ser humano está genéticamente preparado para aprender a hablar, igual que un pájaro para volar. Si esto es así, además, debe producirse en un etapa limitada de la vida. Sabemos que si un niño no ha aprendido a hablar en edades tiernas (principalmente por aislamiento de otros seres humanos), no consigue hacerlo o lo hace con un menor dominio. Y que la capacidad de aprender otras lenguas disminuye pasada una cierta edad.

 

Dotados genéticamente o no, para aprender a hablar hay que aprender gramática y vocabulario, lo que requiere estar expuesto suficientemente al lenguaje. Es importante que los cuidadores del niño hablen con él formulando frases que le sirvan como modelo. Y también dejar que se exprese, sin interrumpir (algo que no se hace frecuentemente cuando el pequeño tartamudea o se atranca en una palabra) y sin corregirle. Debe hacer sus propios experimentos lingüisticos.

 

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DERECHOS NATURALES DE LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS.

Últimamente me encuentro con Gianfranco Zavalloni por todas partes. Aquí están sus derechos naturales de los niños.

 

Derecho al ocio. A vivir momentos no programados por los adultos.

Derecho a ensuciarse. A jugar con arena, tierra, hierba, hojas, agua, ramas y piedras.

Derecho a los olores. A percibir el olor y a reconocer los perfumes de la naturaleza.

Derecho al diálogo. A escuchar y a tomar la palabra, a dialogar.

Derecho a usar las manos. A clavar clavos, a serrar, a pegar, a modelar la arcilla, a atar cuerdas, a enceder un fuego.

Derecho a un buen comienzo. A comer comida sana desde el nacimiento, a beber agua limpia y a respirar aire puro.

Derecho a la calle. A jugar libremente en las plazas, a andar por la calle.

Derecho a lo salvaje. A construir un refugio en el que jugar en el bosque, a tener cañaverales en los que esconderse, árboles a los que trepar.

Derecho al silencio. A oir el viento que sopla, el canto de los pájaros, el gorjeo del agua.

Derecho a los matices. A ver salir y ponerse el sol, a ver de noche la luna y las estrellas.


RESPONSABILIDAD Y PODER.

Responsabilidad social es la que tenemos respecto a los otros: familia, sociedad, mundo.

Responsabilidad personal es la que tenemos por nosotros mismos, nuestra salud, nuestro desarrollo, nuestra vida.

 

Desarrollar la primera no garantiza desarrollar la segunda, mientras que sí sucede a la inversa. Por ello, la creencia de que hay que reprimir la naturaleza egocéntrica de los niños cae.

Para tomar en consideración a otra persona es necesario:

  • no negarle el hecho de tener necesidades, deseos, experiencias, sentimientos o derecho a expresarse sobre aquello que siente.
  • Considerar sus necesidades desde su punto de vista.
  • Concentrarse en la otra persona para poder conocerla y valorarla.
  • Replicar con comprensión a sus acciones y considerar con seriedad su posición.

No sólo responsables.

Los niños son competentes en términos de comunicación de sus límites y sus necesidades, aunque a menudo tengan necesidad de ayuda para traducirlas en frases comprensibles. Pero aunque se puedan expresar, de lo que no son capaces es de defenderse de las manipulaciones adultas. Por ello dependen de la capacidad y disponibilidad de quien se ocupa de ellos para reconocer sus competencias y el derecho de tomarse sus responsabilidades personales.

 

Pequeños tiranos.

Los padres se frustran, desilusionan y cansan. Los hijos se transforman en seres asociales, con los que es imposible convivir. Estos padres típicamente “modernos” son normalmente conscientes de las relaciones entre ellos y sus hijos. Se han aproximado a ellos con mucha consideración y han rechazado el papel de padres tiranos voluntariamente. Recuerdan bien cómo se sentían cuando no podían hacer aquello que deseaban. Consideran el gesto de dar a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron como una muestra de amor. Pero los niños, con frecuencia, saben lo que quieren pero no lo que necesitan. Así que, obteniéndolo, no cubren sus necesidades. Los niños aumentan entonces su nivel de exigencia, colaboran con sus padres en la reproducción del comportamiento esperado.

 

La responsabilidad social de los niños.

Los niños que han sido impulsados a desarrollar un sentido de la responsabilidad personal casi automáticamente desarrollan un sentido de la responsabilidad social. A la edad de 3 o 4 años comienzan a practicarlo con los padres y hermanos. Cuanto más relacionan la responsabilidad social con un sentimiento de deber u obligación, menos la desarrollarán de adultos. Hay dos factores fundamentales para un óptimo desarrollo de la responsabilidad social infantil:

  • que los padres reconozcan y acepten el deseo de colaborar de los hijos.
  • Que los padres se comporten responsablemente entre ellos, con los hijos y con los otros.

Los niños y las tareas domésticas.

Es fundamental la motivación por la que se asignan tareas a los hijos. Un posible motivo sería que los padres tienen necesidad real de ayuda. Otra es porque piensan que “sea buenos” para los hijos. En el primer caso los hijos sienten que son de ayuda y en el segundo que son objeto de teorías educativas.

Otros puntos sobre los que reflexionar son:

  • que la actividad más saludable, hasta los 10 años, según numerosos psicológos, es el juego, para el desarrollo físico, mental, social e intelectual.
  • Que los niños de, digamos, 8 o 9 años, tienen un punto de vista limitado y no negocian con la misma consciencia que un adulto, lo que les puede llevar a aceptar tareas por encima de lo que realmente pueden o tienen intención de cumplir.

 

Cuando se les asignan tareas es importante que sus esfuerzos sean apreciados. Es bueno reconocer su deseo de ayudar y colaborar.