LOS HOMBRES Y LA CONCILIACIÓN FAMILIAR.

What happens when men put familiy first, de Suzanne Braun Levine es uno de los libros que he leído recientemente. Habla de los problemas que encuentran algunos hombres para conciliar trabajo y familia, para encontrar su propio modo de ejercer de padres, de las dificultades con sus parejas.

 

La autora ha entrevistado muchas parejas, centrándose en los hombres. Muchas frases me han rechinado y tantas de las situaciones que describe me han parecido una pesadilla. Pero, a pesar de todo, me ha hecho reflexionar.

 

Habla de familias estadounidenses a finales de los 90, con lo que he encontrado diferencias notables respecto a Europa, que es lo que conozco mejor y más de cerca me toca. Por ejemplo, el hecho de que algunos de los hombres que entrevistó decidieran no trabajar el fin de semana para estar con sus familias puede ser revolucionario y transgresor en su sociedad, pero desde luego no lo es en Europa.

 

Afirma que a finales de los 70, en el entorno profesional, todo el mundo esperaba que los hombres se comportaran como si el trabajo fuera el único de sus compromisos y no tuvieran vida más allá. Pero las expectativas respecto a los padres continúan siendo distintas respecto a las madres, aunque se quiera disfrazar todo ello con una capa de comprensión y se hable mucho de conciliación familiar. A los hombres, cuenta, se les da a entender que es mejor pedir un día por enfermedad que por motivos familiares. Y tanto unos como otras saben que si hacen valer sus derechos sus carreras profesionales se estancan. Sin embargo, afirma, las mujeres cuentan con comprensión, simpatía, aprobación cuando lo hacen, mientras que los hombres no, enfrentándose generalmente no sólo a un empeoramiento de su situación económica sino también a una falta de apoyo en la vida doméstica.

En fin, tendré que presentarle a la autora a algunas mujeres que han contado y cuentan con comprensión, simpatía y aprobación cuando se han pedido una reducción de jornada o una excedencia. Supongo que es duro cuando se es hombre porque es cierto que de ellos no se espera que lo hagan, pero de ahí a pensar que es un camino de rosas para las mujeres, va un buen trecho.

 

Cuenta cómo un hombre se declara satisfecho de haber encontrado la fórmula para conciliar: ha conseguido, gracias a las nuevas tecnologías, estar en red 24 horas al día y no necesitar por ello ir tanto a la oficina, así pasa más fines de semana con su familia. Eso sí, no dice si su familia está de acuerdo, lo mismo siempre que le ven anda pegado a un ordenador y respondiendo distraídamente que sí a sus preguntas sin levantar la cabeza.


 

En otro caso hace hincapié en la presión que sufre un empleado que, inevitablemente, debe viajar con cierta frecuencia. Y hace malabares para no tener que hacerlo en la fecha del cumpleaños de su hija. A pesar de advertir a su jefe con mucha antelación que no piensa perdérselo por segunda vez, éste le advierte que hay una importante reunión para entonces. La propuesta es que se lleve al viaje a la familia, pero la niña quiere pasar la fiesta con la gente que para ella es importante, no sólo con los padres. El jefe presiona y presiona, pero el empleado finalmente decide enviar a otra persona a la que ha informado adecuadamente de lo que tiene que hacer en esa reunión.

Me gustaría saber las consecuencias de esta decisión, sobre todo si hubiera sido una mujer. Qué pena que el libro no cuenta si este hombre fue penalizado profesionalmente por esta decisión. Parece ser que no. Lo que sí me ha gustado es la conclusión de la autora, que el jefe no aprobaba la decisión por mucho que estuviera afirmando que tenía su apoyo, porque si hubiera sido así no hubiera presionado para que fuera a la reunión, proponiendo el viaje en familia.

 

También cuenta cómo algunos hombres antes de disfrutar las políticas empresariales de conciliación, van dando pasos pequeños y verificando cuáles son las reacciones, antes de atreverse a dar otro paso más allá. Temen quedarse fuera de las promociones y que si disfrutan de las ventajas que les dan, proyecten la imagen de ser poco ambiciosos y no querer tener una carrera. Tienen miedo y quieren proteger su imagen.

 

Otros han renunciado a brillantes carreras cuando se han convertido en padres y se han reorganizado, cambiando trabajo si era necesario, para poder dar prioridad a sus hijos. Algunos son los que salen a su hora de la oficina, aún cuando notan todos los ojos que les miran. Y cuenta que se reconocen entre ellos, que se dan cuenta de por qué el otro se está marchando, pero que ninguno habla del tema en voz alta…

 

Según el libro, las mujeres se organizan de manera distinta, buscan más apoyo entre ellas. Si surge un curso para los niños el sábado, en tres o cuatro sesiones ya se han puesto de acuerdo para turnarse a ir a buscar a los niños y llevarles a casa. Los hombres apenas hubieran intercambiado saludos y poco más.

Una buena dosis de tópicos, ¿no?.

Anuncios

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Gracitata
    Abr 26, 2011 @ 11:05:11

    Me ha encantado este post, llevo tanto tiempo pensando así… los hombres están relevados a un segundo lugar dentro de la familia, es como si solo tuvieran derecho o la oblogación de trabajar y ya está. No tienen derecho a pasar tiempo con su familia y si lo piden pues eso, el trabajo al traste. Encima hay que reconocer que hay muchas mujeres que lo ven lógico y por tanto apartan mucho más al hombre del entorno familiar…es muy triste, siempre se pide igualdad para la mujer pero deberia existir para ambos, los dos tienen los mismos derechos. Mi marido hace todo lo posible por sacarnos adelante, saca dinero de debajo de las piedras,busca trabajos por internet con tan de pasar más tiempo a nuestro lado, dejo su trabajo d fin de semana para estr con nosotros…es todo un ejemplo de que los hombres quieren estar con su familia, otra cvosa es uq elos dejen…

    Responder

    • latribu09
      Abr 26, 2011 @ 15:32:12

      Gracias por tu comentario, Gracitata.

      Cómo se organiza cada familia es no sólo una cuestión privada, porque está influenciada por factores externos y porque, a su vez, influye en la visión que damos a los niños del mundo.

      Lo ideal sería un equilibrio y un reparto equitativo de trabajo fuera de casa, tareas domésticas y cuidado de hijos o de otras personas dependientes. Pero eso es lo ideal, ¿no? Luego nos encontramos con la realidad, las dificultades para conciliar vida personal y profesional, la falta de tiempo, las pocas ganas de repartir cargas…
      Desde luego, no es justo esperar que por ser de un sexo u otro, los miembros de un grupo tengan que realizar determinadas funciones sin poder elegir las mismas. Ya sea los hombres proveedores sin derecho a cuidar de sus hijos o de las madres abnegadas sin derecho a realizarse en otros ámbitos.
      Un saludo!

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: