CHARLA LIBERTARIA CON GRAZIA HONEGGER FRESCO. Por Raffaella Cataldo.

Para quienes no sepan quién es Grazia Honegger Fresco, os cuento brevemente algo sobre su impresionante actividad. Es la última alumna viva de la mítica Maria Montessori, y como tal se ha dedicado profesionalmente a difundir, profundizar y divulgar su teoría. Es autora de numerosos libros dedicados a padres y abuelos, a los que añade su toque personal por serlo ella misma. Gran defensora de los derechos de la infancia, preside la Asociación de Centros Montessori en Roma y codirige el “Quaderno Montessori”.

El 25 de abril de 2010 tuvo lugar el II Encuentro sobre Educación Libertaria en Italia. Entre los presentes se encontraba Raffaella Cataldo, una de las figuras más conocidas entre los homeschoolers del país alpino, ya que confió en este método de enseñanza hace ya más de diez años con una niña que no era su hija, lo que la convierte en una pionera de la educación en casa en Italia. Raffaella tomó las siguientes notas que publicó en buntglas, un blog que ya hemos mencionado otras veces. Amablemente me deja traducir para este blog.

En el espléndido marco de Villa Buri, en una sala de techos altos y decorados, se reunieron más de cien personas para escuchar y apoyar los principios de la educación libertaria. ¿Principios revolucionarios?. Me parece que se trata más bien de principios naturales, inherentes a la naturaleza humana del niño, y sí, es revolucionario ponerlos en práctica, salir del sentimiento común que quiere la educación como una imposición que va de arriba hacia abajo, una instrucción contenida en una programación rígida y metódica con los tiempos y los lugares de aprendizaje y con una evaluación estéril del rendimiento del estudiante. Y los revolucionarios, ya se sabe, son jóvenes llenos de entusiasmo, vitalidad, ganas de cambios.

Y sin embargo, en la habitación llena, se adelanta una persona que ha visto tantos amanceres y anocheceres, más que todos los demás…amaneceres y anocheceres que brillan en sus ojos profundos e inquietos. Es Grazia Honegger Fresco, una de las últimas discípulas directas de Maria Montessori. Se sienta y nos mira. Y de sus palabras, con el ritmo del acento romano, nos llega un frescor primaveril que huele a libertad.

El concepto clave es pasar de la educación para la libertad a la educación en la libertad”. Y a través de algunas ideas, estimulando las reflexiones y las discusiones del grupo, Grazia profundiza en el tema.

El desarrollo tiene lugar desde el interior al exterior. ¿Cómo podemos educar para elegir si sobrecargamos al niño desde el principio con nuestra mentalidad opresiva, ligada a una educación opresiva? Es necesario sensibilizar los adultos a los derechos del niño. ¿Pero por qué la educación no puede ser un ambiente rico como una mesa en la que reposan muchas comidas distintas, donde cada uno puede elegir la que le apetece?. La socialización nos hace hacer a todos lo mismo.

La educación en libertad sumerge sus raíces en el respeto profundo por el niño pequeño, desde el nacimiento. Es más, pensándolo bien, desde la concepción. Por ello es importante poner atención al nacimiento como un momento íntimo entre la madre y el bebé (pensando incluso en la posibilidad de parir en casa), en la lactancia, en los primeros instantes de vida del niño. Los recién nacidos de hoy son iguales que los de hace 350 años, y sus necesidades no han cambiado.

Cuando el niño crece, comienza a moverse y a interaccionar con el mundo que le rodea. Los niños necesitan ser escuchados, pero también necesitan límites que les protejan. A menudo se falsea el concepto de autoridad. En nombre de la educación libertaria se cometen errores algunas veces: no se ofrece protección al niño, se le obliga a tomar decisiones para las que no está preparado, no se le enseñan las cosas con calma.

A este punto muchos hacen la pregunta fatídica: ¿cómo podemos educar en libertad, como podemos liberarnos de nuestra mentalidad opresiva y ser capaces de ver las auténticas necesidades del niño y no aquellas que creemos que tiene a causa de nuestros propios condicionamientos? Seguramente poniéndonos a la escucha, aceptando nuestros errores inevitables e intentando siempre mejorar…Grazia nos escucha, con la barbilla apoyada en la mano, en un silencio respetuoso. Luego añade a nuestras reflexiones una idea que faltaba…

Para educar en libertad, no tenemos que olvidarnos del ambiente. Porque el niño no crece sólo con una buena relación. Crece donde puede experimentar, interaccionar…donde su mano actúa, porque la mano es un órgano de construcción. La casa familiar se tiene que convertir en la casa del niño también. Es un derecho del niño, desde pequeñito, poder usar la casa.

El amor y la atención más la posibilidad de explorar, de crecer. Los adultos usamos la distracción como medio continuo para hacer que el niño haga lo que queremos. De este modo desviamos su atención. Esta actitud lleva a una serie de desviaciones y dificultades en todo el crecimiento. Preguntémonos por ejemplo por qué los adolescentes de hoy son tan infantiles: ¿qué les hemos quitado antes y qué no les hemos dado después?.

Hay que acompañar de cerca al niño, pero no guiarle, porque tiene en sí la capacidad de autoeducarse. Educar en libertad es poner en acción una educación indirecta, que quiere decir con las menos intervenciones posibles de parte de los adultos. El adulto no interviene hasta que no es indispensable, porque confía en la capacidad de autocorrección del niño. Si damos tiempo, efectivamente las cosas se resuelven. Diciendo que el desarrollo parte del interior, se presupone que el niño tiene capacidad de corregirse a sí mismo: si yo, adulto, intervengo e interrumpo, destruyo su crecimiento.

El padre, el educador, deben aprender cómo intervenir, y para ello se necesita tiempo. Es indispensable observar. Mirar con atención antes de intervenir, para aprovechar el momento del niño, comprender hacia dónde dirige sus intereses. Si le atrae algo peligroso, como puede ser un cuchillo muy afilado, le podemos ofrecer otras posibilidades, a su medida, como un cuchillo más pequeño que puede agarrar mejor.

Basémonos en el binomio amor y ley. Amor, que se construye con el respeto por el niño, en dar la oportunidad de tener experiencias adecuadas para él. Ley es definir el espacio en libertad. El niño necesita muchos Síes concretos, lo que implica objetos, ambientes a su medida en los que puede actuar activamente, experiencias. Y también necesita reglas, que sean pocas, claras y fijas. Los niños necesitan límites, pero pocos y que sean fáciles de percibir y por tanto de respetar. Y ahora recordemos los niños de la Montessori que un día, cuando una señora que visitaba la escuela les preguntó: “¿Pero es verdad que aquí hacéis todo lo que queréis?”. Y ellos respondieron: “No, señora: nosotros queremos todo lo que aquí hacemos”.

Las reglas se explican sin enfadarse, con firmeza y dulzura, sin alzar la voz, con calma, sin venganza ni hostilidad. Permitamos al niño que tenga sus experiencias, con sus límites, que deben ser claros y presentados con calma.

Los niños tienen un espacio de libertad y de libre elección con límites claros. La libertad no se otorga ni se concede, sino construída.

Escuchar estas palabras, aunque quizá se traten de ideas ya oídas antes, nos hace sentir bien. Nos da una nueva inspiración. Alguien pregunta: “¿Y los juicios al niño?”.

Nuestra sociedad es muy partidaria de los castigos: divide entre buenos y malos, infierno y paraíso…La escuela ha adoptado los términos empresariales: créditos, niveles mínimos de rendimiento…Las notas devalúan a las personas. El niño, el estudiante, es algo distinto de una calificación. Así que fuera de la educación palabras como “no vales para nada, no eres capaz”, y dar siempre palabras de ánimo. Si queremos ser no violentos, debemos limpiarnos a nosotros mismos primero, que hemos crecido con esta mentalidad.

Y al final, la reflexión que normalmente se hace cuando se habla de libertad y de ausencia de juicios en la educación: ¿Pero estos niños conseguirán luego integrarse en esta sociedad que en cualquier caso está fundada en las notas, el arribismo, la obligación? La idea de Grazia es ahora decidida y abierta, como una brisa marina que barre cualquier duda…

Cada vez que nace un niño es nuevo. Si nosotros los integramos en el viejo sistema, seguiremos adelante con él. Si construimos uno nuevo para ellos, ellos mismos serán constructores del mismo. Y con esto acabo, porque creo que no hay nada más que comentar, sino reflexionar, en silencio.

Raffaella Cataldo. (Notas tomadas durante el encuentro con Grazia Honegger Fresco durante el II Encuentro Nacional de la Red para la Educación Libertaria, Verona, 25 de abril 2010). Raffaella es educadora, homeschooler y madre de un hijo.

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¿QUÉ ES EDUCAR?. Texto de Humberto Maturana.

Encontré un texto de Humberto Maturana que me pareció muy interesante. Ofrezco un resumen con las frases que más significativas me parecieron.

“El educar se constituye en el proceso en el cual el niño o el adulto convive con otro y al convivir con el otro se transforma espontáneamente, de manera que su modo de vivir se hace progresivamente más congruente con el del otro en el espacio de convivencia.

(…)

Como vivamos, educaremos, y conservaremos en el vivir el mundo que vivamos como educandos. Y educaremos a otros con nuestro vivir con ellos el mundo que vivamos en el convivir.

(…)

Vivamos nuestro educar, de modo que el niño aprenda a aceptarse y a respetarse a sí mismo al ser aceptado y respetado en su ser, porque así aprenderá a aceptar y respetar a los otros.

(…)

. Si decimos que un niño es de una cierta manera: bueno, malo, inteligente o tonto, estabilizamos nuestra relación con ese niño de acuerdo a lo que decimos, y el niño, a menos que se acepte y respete a sí mismo, no tendrá escapatoria y caerá en la trampa de la no aceptación y el no respeto a sí mismo porque sólo podrá ser algo dependiente de lo que surja como niño bueno, o malo, o inteligente, o tonto, en su relación con nosotros. Y si el niño no puede aceptarse y respetarse a sí mismo, no puede aceptar y respetar al otro. Temerá, envidiará o despreciará al otro, pero no lo aceptará ni respetará; y sin aceptación y respeto por el otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social.

(…)

¿Para qué educar?

A veces hablamos como si no hubiese alternativa a un mundo de lucha y competencia, y como si debiésemos preparar a nuestros niños y jóvenes para esa realidad. Tal actitud se basa en un error y genera un engaño.

(…)

¿Qué hacer? No castiguemos a nuestros niños por ser, al corregir sus acciones. No desvaloricemos a nuestros niños en función de lo que no saben, valoricemos su saber. Guiemos a nuestros niños hacia un hacer que tiene que ver con un mundo cotidiano e invitémoslos a mirar lo que hacen, y sobre todo no los llevemos a competir.”