¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL NACER?

¿Cómo nacen los niños? A menudo con dificultad, como muchas mujeres pueden testimoniar. ¿Y por qué es así para el ser humano cuando tantos otros animales nacen sin dificultad? No hay ambulancias para las jirafas, ni comadronas para las orangutanas, como bien nos recuerda Desmond Morris.

 

Se afirma que las complicaciones físicas y psicológicas del parto son consecuencia de la adquisición de la postura erecta que estrecha el canal de nacimiento. Si bien esto puede explicar parcialmente la situación, no lo hace por completo, ya que las mujeres antiguamente no necesitaban tampoco asistencia médica y han conseguido parir durante miles de años. Si ellas lo hacían, ¿por qué hoy no es así? A veces se responde que ellas eran menos sedentarias y más fuertes físicamente, pero esto sólo sería válido para algunas culturas.

 

Recién nacido

 

Las mayores diferencias entre los partos tribales y los occidentales actuales se encuentran en el dónde y en el cómo. Alterando estos aspectos, el nacimiento se ha convertido en algo mucho más dificultoso.

 

En la tribu, la mujer pare rodeada de caras conocidas, de mujeres con las que tiene lazos de afecto y que, a menudo, han pasado ya por su misma situación. En occidente se suele parir en el hospital, un lugar asociado a la enfermedad. Trasladarse a un lugar semejante puede poner nerviosa a la parturienta. Y el nerviosismo prolonga el parto, mediante la liberación de una sustancia química especial llamada epinefrina. Biológicamente el retraso permitiría parir en condiciones de mayor seguridad, evitando o minimizando riesgos. Pero actualmente sólo consigue aumentar el tiempo de dolor, incrementando el miedo y el nerviosismo y generando un círculo vicioso.

 

La conclusión podría ser favorable al parto en casa, donde la madre se sienta a gusto y la dilatación, como consecuencia, no se prolonga excesivamente. Pero para ello es necesario que el ambiente doméstico sea aséptico y la madre reciba ayuda de manos expertas. La costumbre sigue llevando a pensar que sólo en el hospital se puede parir con seguridad. Una solución podrían ser las clínicas con un ambiente menos médico y más casero y el conocimiento previo del equipo profesional que genere confianza en ellos.

 

Sobre la postura, se puede pensar en los partos en las tribus. Desde luego, tumbada boca arriba y con las piernas en alto, la gravedad no puede ayudar. Ir a un hospital y ser tratada como una enferma, tumbada en una cama y asistida por médicos no es más que una costumbre, una moda, no una necesidad. La postura más natural es en cuclillas. No en vano se usaban sillas con un hueco en el centro del asiento para permitir el paso del bebé mientras la madre se agarraba a unos asideros delanteros. Todo esto reduce el esfuerzo, aunque no quiere decir que no haya momentos de dolor ni otras eventuales complicaciones.

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APEGO Y DIFERENCIAS SOCIALES Y CULTURALES.

¿La situación social y cultural cambia el tipo de apego? Veamos algunas consideraciones generales y otras más específicas.

Imprinting y formación de lazos.

Consideremos el apego como el éxito en el proceso de establecimiento de la relación. El lazo sería el componente de las fases iniciales de formación de una relación. En los seres humanos parece estar influenciado en gran medida por el contacto epidérmico entre madre y recién nacido. La atención materna está mediada por hormonas cuya presencia aumenta la predisposición a formar un lazo de apego. Si estas hormonas no están presentes, el lazo se debilita y termina por influir en la calidad del proceso de apego. De ello se concluye que el apego se compromete cuando falta el contacto precoz y que los bebés necesitan contacto físico estrecho durante un cierto período sensible para poder desarrollar el lazo primario que constituye la base de cualquier otro apego sucesivo. El contacto precoz constituye una oportunidad óptima para formar lazos de apego estrecho, pero no es condición necesaria y suficiente para la formación de un buen lazo de apego.

Hechas estas consideraciones generales sobre lo que es el apego y cómo se establece, veamos algunas diferencias sociales y culturales.

Apego y situación económica.

Se puede afirmar que los factores socioeconómicos tienen una importancia crucial para el desarrollo del apego. Una necesidad puede ser más “indulgente” con las interacciones entre niños y cuidador si éste no está demasiado ocupado con el trabajo o por la escasez de los recursos.

Los métodos de crianza preparan a los niños para desarrollar el comportamiento emotivo más acorde con su cultura. Por ello, cabe esperar que los niños criados en sociedades individualistas sean criados de manera distinta a los de sociedades colectivistas.

Investigaciones sobre los estilos de crianza occidentales.

Baumrind (1971) ha identificado tres estilos de padres muy implicados y un tipo poco implicado.

  • Autoritarios: el adulto impone normas sin explicarlas y recurriendo a castigos para asegurarse de que se cumplan. Tiende a hacer que el niño se desarrolle orientado al resultado, lleno de prejuicios, temoroso y pasivo.


  • Con autoridad: el adulto tiene un comportamiento flexible que alterna discusiones con líneas de comportamiento claras y busca responder a los sentimientos del niño. Se desarrollan personas seguras de sí mismas, con capacidad de autocontrol, alegres, cooperativas y curiosas.


  • Permisivos: el adulto deja al niño libre de expresarse dentro de límites poco definidos. Raramente ejerce control o expresa calidez por él. Suele producir rebelión, ausencia de objetivos, pocos resultados y poco autocontrol.


  • Negligencia o abandono: el adulto apenas se implica con el niño. No es controlado, se es muy permisivo y distante. Dan lugar a personalidades antisociales, rebeldes y hostiles.

Investigaciones interculturales.

Barry et al (1957) identificaron seis comportamientos comunes a todas las sociedades para los que son educados los niños:

  1. Obediencia.
  2. Responsabilidad.
  3. Capacidad de cuidar a los otros miembros de la sociedad.
  4. La atención a los resultados.
  5. La confianza en sí mismos.
  6. La independencia general.

      CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Alto contacto y bajo contacto.

      El papel que juega el entorno de crecimiento en el desarrollo infantil se ha estudiado bajo el nombre de “nicho evolutivo”. (C.M. Super y S. Harkness, 1986). Pretende hacer un paralelismo con el concepto “nicho ecológico” en biología, que busca integrar factores biológicos y ambientales. El nicho evolutivo sería un sistema en el que el ambiente físico, las circunstancias socioculturales de la educación infantil y las concesiones psicológicas de los educadores tienen su influencia. Por tanto, el ambiente de crecimiento del niño está influido por tres factores:

      • El ambiente físico y social en el que vive.
      • Las prácticas de puericultura.
      • Las representaciones que los adultos dan al crecimiento y desarrollo infantil.

      Un ejemplo sería lo que se consideran niños difíciles (o quizá de alta demanda, como últimamente se vienen llamando) de criar en distintas culturas. Por ejemplo, los niños con hábitos irregulares de sueño son considerados difíciles en Estados Unidos, ya que interfieren con el modo de vida de los padres, que aprecian su propia independencia y autonomía. Para los Kipsigis de Kenia, los niños duermen con las madres y se les lleva a la espalda casi todo el día. Con esta costumbre se elimina el problema del sueño. Para este pueblo, los niños difíciles son a los que no les gusta ir a la espalda o ser atendidos por otra persona que no sea la madre.

      En función de los métodos de cuidado de los bebés, estudios de etnopediatría de E. Balsamo han puesto de manifiesto que existen fundamentalmente dos formas de maternaje: de alto contacto y de bajo contacto. Por contacto se habla de la proximidad física entre niño y madre en los primeros años de vida. El alto contacto es típico de sociedades rurales y de países del hemisferio sur, mientras que el bajo contacto lo es en los países industrializados. Las diferencias en el día a día son numerosas entre ambos métodos. Las más significativas son las relativas a lactancia,desarrollo psicomotor y cómo pasan la noche y el día.

      Lactancia.

      El bebé en la cultura de alto contacto viene puesto al pecho muy pronto, en la primera media hora después del parto. Ellos presenta varias ventajas, tanto del punto de vista físico como psíquico. La succión estimula las contracciones uterinas, ayudando al desprendimiento de la placenta y a evitar hemorragias, estimula la subida de la leche y produce calostro, que tiene una importante función contra infecciones y protege de la ictericia. El lazo de apego instaurado entre madre e hijo tras el nacimiento tiene lugar así en el momento de mayor sensibilidad para ello.

      Tras el primer contacto, la lactancia se establece a demanda: el seno está disponible todo el día y toda la noche, realiza las tomas con frecuencia, crea sus propios ritmos de succión. La leche materna se adapta a las exigencias de cada uno de los recién nacidos, variando su composición, que es diferente si el niño ha nacido a término o si es prematuro, y también de un día a otro, en el transcurso del día e incluso durante la misma toma. Sólo la leche humana ofrece esta posibilidad de “autogestión” de la alimentación, en cantidad y en calidad. Un niño que requiera más lípidos, realizará tomas más largas.

      La leche materna, al ser de un contenido bajo en grasas y proteínas respecto a la leche de vaca, es más fácil de digerir y requiere una menor frecuencia entre una toma y otra. La producción de la leche materna está asociada a la frecuencia de la succión y a la voluntad de amamantar. De hecho, mujeres de edad avanzada han sido capaces de dar el pecho a niños huérfanos sólo por querer hacerlo y recibir el estímulo de la succión.

      La lactancia, además, es prolongada, durando a menudo dos años o incluso más. Todo ello beneficia al niño frente a infecciones y alergias, y a la madre de tumores al seno y a los ovarios.

      A pesar de las campañas de la OMS y de UNICEF de los “hospitales amigos de los niños”, en Occidente a menudo se siguen separando madres e hijos tras el parto y se siguen recomendando fijar las tomas en horarios rígidos (por ejemplo, cada tres horas). Es herencia de las recomendaciones de los años 50 y 60 del siglo XX, cuando se pensaba que amamantar era poco higiénico y poco adecuado desde el punto de vista nutricional, aconsejándose la leche artificial.

      Desarrollo psicomotor.

      En 1957, Gerber y Dean realizaron un estudio en Uganda sobre el desarrollo de los neonatos. Los resultados mostraron una precocidad pronunciada respecto a los bebés occidentales. Por ejemplo, mantenían erguida la cabeza entre dos y seis semanas antes y casi ausencia total de los reflejos típicos de los bebés. Esta investigación fue muy criticada por sus numerosas lagunas, además de que definir la precocidad neonatal es controvertido. Estudios posteriores más rigurosos (D. Vouilloux, 1959; E.E, Werner, 1972) sí que han puesto de manifiesto que la evolución psicomotriz de los niños occidentales es más lenta que la de los niños africanos e indios. Se ha llegado a hablar incluso de “precocidad infantil africana” por preferir el término al de retraso occidental.

      El progreso parece deberse a algunas costumbres de crianza. Mientras que en Estados unidos y en Europa los bebés de seis o siete meses pasan la mitad del día tumbados, los africanos sólo lo hacen una décima parte. Otros estímulos son el contacto constante con la madre u otras mujeres del grupo, el contacto táctil durante el masaje, el portear los bebés muchas horas, la lactancia a demanda, el compartir el espacio y el tiempo con otros niños y adultos.

      Algunos grupos tienen incluso técnicas específicas para que los niños se desarrollen lo antes posible. “Los bambara creen que deben ser capaces de sentarse a los tres o cuatro meses y para ello les adiestran; los congoleños consideran que si no es capaz de andar a los ocho meses es ya tarde y recurren a un curandero.”

      También se ha demostrado la mayor precocidad de niños africanos para resolver problemas que requieren instrumentos usados como prolongación del brazo y la combinación de dos objetos. Y ello a pesar de que no crecen en ambientes con numerosos objetos. Pero sí tienen acceso a aquellos de uso cotidiano, incluso los que los occidentales consideran peligrosos. A diferencia de los juguetes estudiados expresamente para la infancia, el empleo de objetos que no tienen una única función es especialmente importante para el juego simbólico, pasando más rápidamente de las acciones manifiestas a la representación mental.

      Noche y día.

      En el modelo de bajo contacto se prepara un espacio autónomo para el niño, donde éste pueda estar lejos de ruidos, luces y de otras personas. Tanto por la noche como durante el día se utilizan distintos lugares que no son los brazos donde pasará gran parte del día: cuna, cochecito, moisés, parque, hamaca, trona, tacataca,…Así pasan gran parte del primer año de vida alejados del cuerpo materno.

      En el modelo de alto contacto de día el bebé está en brazos o se lleva a la espalda (o en otra postura) y de noche duerme con la madre. Aunque muchos psicólogos y pediatras occidentales consideran que dormir acompañado obstaculiza la autonomía de los niños, y muchos padres lo ven como un “vicio” que cogen los bebés y se silencia cuando se está llevando a cabo, lo cierto es que es un modelo ampliamente difundido en todo el mundo.

      Compartir la cama beneficia la relación madre-hijo y se piensa que sea una protección contra el síndrome de la muerte súbita, ya que los movimientos involuntarios habituales ayudan a despertarse al bebé en las fases de sueño más ligero, cosa que no sucedería si durmiera solo. Esto parece confirmarse con el dato de que en Japón, con gran tradición de cama familiar y entre inmigrantes africanos y asiáticos en Occidente, la muerte súbita es muy rara. Además, dormir juntos reduce los llantos del bebé y sincroniza sus ritmos de sueño con los de la madre, ayuda a la lactancia con un aumento del nivel de prolactina.

      CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Romaníes.

      Otro capítulo del libro “Miradas de madre” cuenta las costumbres de la comunidad gitana procedente de Europa Oriental, Serbia, Macedonia y Rumanía principalmente. La diversidad de origen y culturas entre ellas es notable, lo cual impide generalizar y establecer excesivas conclusiones.

      De las observaciones con el grupo de madres inmigrantes en Italia, se desprende que la relación estrecha con el hijo se instaura en los primeros meses de vida, estando en contacto corporal constante. No hay límites ni reglas a este contacto: “al niño se le da de comer cuando tiene hambre, tanto en la época de lactancia exclusiva, como cuando se introducen sólidos”. La fase de dependencia se alarga mucho respecto a los cánones de los países de acogida. Los niños entre ocho y catorce meses que la autora conoció durante las entrevistas con las madres estaban en período de fusión con ellas. En las charlas (de un par de horas) se sentaban encima de las madres o a un costado, y cuando mostraban signos de disminución de la atención, se buscaba calmarles ofreciendo pecho u otra parte del cuerpo materno como la mano. No preveían llevar juguetes para entretenerles durante estos encuentros. Si se les regalaba alguno, lo manipulaban competentemente, pero no lo traían a la siguiente cita.

      Niño o niña.

      “ El varón es siempre más importante, porque siempre estará contigo, mientras que la hembra se marchará cuando se case”. Aunque se paga una dote por la hija, no se considera una inversión, porque es un acontecimiento que sucede una única vez, y se ve más como una futura pérdida. En cualquier caso se celebra una gran fiesta por el nacimiento, sea niño o niña.

      Señales de embarazo.

      Algunas mujeres se hacen un test de embarazo con la falta de menstruación. Otras afirman saber estar embarazadas desde el momento mismo de la concepción, mostrando un notable conocimiento de su cuerpo. No aceptan controles médicos, no quieren invasiones externas por parte de los médicos. Sin embargo, las que han nacido y crecido en la Europa Occidental sí que se someten a control sanitario.

      Preparación del ajuar infantil.

      Durante el embarazo no se preparan ni vestidos, ni objetos para preparar la habitación, ni juegos para el bebé, porque “trae mala suerte”. Apenas tiene lugar el parto, el padre o la abuela se hacen con lo necesario.

      Tradiciones durante la gestación.

      Hay varios tipos.

      -Para proteger: no dormir boca arriba, porque aumenta el riesgo de cesárea.

      -Prohibiciones: no llevar collares, no pasar debajo de una escalera, no pasar bajo hilos suspendidos porque se arriesgan a que el bebé se ahogue con el cordón.

      -Pronósticos sobre el sexo: si tienes manchas en la cara es niña, si estás más guapa es niño. O si esperas una niña se te hinchan los labios, la cara y los pies. A las mujeres se les pide que se miren las palmas de las manos de repente. Si las palmas están hacia arriba es niña, si están hacia abajo es niño. Otra variante es en función de la posición del feto en el vientre: si se apoya hacia la derecha es niño, si se mueve mucho es niña…también se asegura que si se mueve mucho, llorará con frecuencia.

      Muchas de estas tradiciones eran comunes al resto de Europa hasta mediados del siglo XIX.

      Los antojos se consideran una prueba de una relación estrecha con el niño. Lo que la madre ve y desea es lo que el feto a su vez quiere, y el padre o incluso el clan entero es castigado si no satisface el deseo. “Si comes algo delante de una embarazada y no le ofreces un poco, te saldrá un orzuelo en el ojo”. No es el niño el castigado con manchas en la piel por la insatisfacción de estos deseos como en otras partes.

      Elección del nombre.

      Los niños toman el apellido paterno y, eventualmente, el materno. La transmisión de la identidad viene dada a través del clan paterno, y toda la familia lleva el nombre del jefe del mismo, aunque las reglas no son siempre tan claras. “Algunos deciden cambiar de nombre a los catorce años, tomando el de la madre”.

      Los nombres varían según el origen del clan. Los cristianos (sea ortodoxos o católicos) dan gran importancia a la elección del nombre porque crea un lazo con el santo homónimo, que le protegerá desde el nacimiento y le ayudará el día del juicio final. Para los clanes islámicos, el nombre está más relacionado con la inserción en un orden social preestablecido, teniendo en cuenta mayormente el nombre de los abuelos paternos, el de los hermanos y hermanas más queridos del padre, y sólo entonces cabe la posibilidad de un símbolo de reconocimiento del clan materno. Las mujeres, entonces, suelen poder elegir a partir del cuarto o quinto hijo, época en la que son también más libres de la familia del marido. Es frecuente dar dos nombres, el primero elegido por los abuelos y que es el que figura en documentos oficiales. El segundo es el elegido por la madre y el que usa en el día a día doméstico, en la intimidad, dejando el primero para las relaciones extra familiares.

      Parto.

      “Las antiguas generaciones nacían en casa, las nuevas en el hospital”. El clan entero lleva a la mujer al hospital, pero se considera un asunto femenino, y en la sala de dilatación sólo hay mujeres presentes. Cuando el parto se hacía en casa venía una mujer (la babiza) a ayudar los primeros días y a tratar el cordón umbilical. “Mi hermano nació con la placenta encima y es, efectivamente, una persona con suerte…cuando esto sucedía, la placenta se conservaba para curar enfermedades infantiles”. Hoy en día, sin embargo, la placenta es vendida por los hospitales para hacer cosméticos.

      Se acostumbra a trabajar hasta el momento mismo del parto y a abandonar el hospital lo antes posible. Al salir se pasa la primera semana en casa de la suegra y, en algunos casos, en casa de la madre. Después se retoma el trabajo, con el niño en portabebés. “La suegra tras el parto lavará los platos y se ocupará de otros trabajos domésticos, porque la recién parida está impura”.

      Puerperio.

      Tratándose de una cultura con gran atención a la pureza, el puerperio es un período excepcional. La reclusión casera tras el parto tiene una doble función. Por una parte contribuye al descanso de la madre y por otra relaciona la impureza con el ser portadora de un eventual peligro y con dejar pasar sucesos externos peligrosos. La reclusión simbólica dura cuarenta días. “A la puesta de sol la puérpera debe estar en casa, porque algo si no le podría pasar al niño. No se puede tender la ropa al claro de luna, ni dejar las ventanas abiertas, porque la luz de la luna hace daño a los niños. Me acuerdo que cuando mi marido volvía tarde, por la noche, llevando luz de luna en su ropa, mi hijo se despertaba y sólo se calmaba cuando esas ropas se dejaban colgadas fuera.

      Para las otras mujeres del clan, durante estos cuarenta días, si están menstruando no deben mirar al niño, y si lo hacen deben hacer los debidos conjuros. “Si alguien dice que tu hijo es guapo, debes alejar el mal de ojo escupiendo tres veces hacia la derecha”.

      Celebración del nacimiento.

      Tras la cuarentena, con la supervivencia un poco más asegurada, se celebra la fiesta del nacimiento, que implica el ingreso en la sociedad.

      Para los clanes católicos se celebra el bautismo a partir de los cuarenta y cinco días. La elección de padrino y madrina es muy importante, por lo que se toma el tiempo necesario para hacerlo. “El padrino debe ser una persona honorada y gozar de la estima de la familia. Debe estar pendiente del crecimiento de su protegido y estar presente en los momentos importantes como cumpleaños, santos, confirmación…Cuando se pide oficialmente que sea padrino, se lleva una manzana roja en la que se pone una moneda, además de flores o alguna otra cosa. La familia prepara una fiesta y si el padrino acepta la manzana, acepta el encargo. “ “El día del bautizo el padrino debe ayunar. Se da el bebé desnudo al padrino o a la madrina. Ellos lo visten y lo llevan a la iglesia. La madre no va a la iglesia, pero permanece en la puerta de casa esperando hasta que vuelven y se lo dan. Ella prepara la comida para todos los que vuelven del evento. Durante la fiesta se baila, se bebe, se canta y se mata un cerdo, que se reparte entre los participantes.”

      Para los clanes musulmanes la fiesta se celebra a los cuarenta y cinco días también. Para los varones coincide con la circuncisión. Quien la realiza es quien elige el nombre. Durante la fiesta se corta un mechón de pelo y se mata una oveja, que será la comida principal del día. En algunas ocasiones, el padrino (no existe la madrina) bebe un poco de vino en el que se han puesto los cabellos cortados al bebé.

      Lactancia y destete.

      Dar el pecho es lo más común en la cultura gitana, siendo habitual hasta los dos años y medio. Las madres ayudan al bebé a iniciar la toma. “Alzamos el paladar del niño metiendo el pulgar en la boca y empujando hacia arriba con fuerza, sujetándolo por la espalda. Esto ayuda a la toma”. El seno no se considera un objeto de deseo sexual, con lo que mostrarlo en público es indiferente, lo que permite que se amamante en público igual que en privado.

      Hacia los cinco meses se inicia la introducción de otros alimentos, como sopas, cremas de arroz y queso, papillas. Hacia el año y medio ya comen los mismos alimentos que un adulto, compartiendo la misma mesa excepto en las fiestas. No hay reglas ni horarios. “Se da de comer a demanda, tanto cuando se amamanta como después”. Los horarios comienzan a introducirse con la asistencia al colegio, y para ayudarles les proporcionan algo de comer entre horas.

      Vestimenta e higiene.

      Aunque en la actualidad se tiende a usar pañales desechables, antes se empleaban trapos de algodón ya usado para que fueran más suaves. Los niños solían ser estrechamente vendados , costumbre habitual en gran parte de Europa hasta el siglo XIX.

      En caso de salida de casa, se armaban con amuletos y portafortunas para evitar poderes maléficos.

      Son importantes los rituales de limpieza para que sea puro y es habitual dar un masaje con aceite de oliva tras el baño.

      Sueño y vigilia.

      “Los niños duermen con la madre, en su cama. Se compra la cuna, pero luego no se usa”. Se evita que haya silencio para que duerman. De esta manera se integran mejor en la vida familiar. Se duermen con el pecho o con nanas sin música, a base de arrullos. No se da chupete.

      Primeros pasos.

      Se usa un tacataca o se les sujeta por las axilas para que aprendan a caminar. Suelen hacerlo hacia el año y medio, no siendo considerado como tardío, ya que el mensaje del primer período de vida es que el lazo con la madre es muy fuerte y difícil de alejarse de ella. Tras esta fase de dependencia absoluta, el deseo de explorar es apoyado por todos.

      Dientes.

      La salida de los dientes tiene un gran simbolismo. De hecho hay un dicho que dice “los niños no nacen con dientes”, que significa que alguien no ha aprendido a tomar decisiones. Marca el paso de una etapa pasiva a una etapa activa frente al mundo. Y se comienza a ofrecer algún objeto duro (por primera vez ya no es el seno el que se ofrece) para calmar la irritación de la encía.

      Aprender a hablar.

      Casi todas las madres enseñan romaní a sus hijos. Se podría considerar una lengua secreta, porque sus parlantes han atravesado muchas fronteras, tomando de ellas nuevas palabras, y porque no se usa por escrito. El vocabulario es especialmente rico para el ámbito doméstico y el afectuoso.

      Además da sentido de pertenencia al grupo. Permite que se comprendan entre ellos, aunque vengan de zonas distintas.

      Control de esfínteres.

      Es tarea de la madre enseñarlo. Se comienza hacia el año y medio, cuando ya andan, porque el control muscular y el desarrollo se consideran ya adecuados para este paso. “Se enseña a decir caca y se les grita si no avisan. También se tiene en cuenta sus ritmos, antes de dormir o en cuanto se despiertan se les lleva al baño.” La madre, generalmente, tiene un conocimiento bastante preciso de los ritmos infantiles. El uso de pañales de tela ayuda en esto. “A mi hija, a los seis meses, le molestaba llevar el pañal sucio y daba ya señales de querer hacer pis o caca, así que empecé entonces a ponerla al orinal.”

      Actividades en la vida cotidiana.

      El niño pertenece a la madre, que pertenece al marido y al resto del clan, y con ello, a la suegra. No hay separación de espacios entre madre e hijo: duerme con ella, come con ella, juegan con su cuerpo (con sus manos, sus cabellos), etc. “Mi hijo es pequeño, yo lo tengo siempre en brazos porque de otra manera se hace daño, lo llevo conmigo a todas partes.”

      La disponibilidad de la madre es ilimitada, y cuando el lazo es demasiado estrecho, pasa por poco tiempo al cuidado de otro miembro del clan. Jamás hay un extraño que participe en la crianza. “Antes de criar a mis hijos he criado a mis hermanos, mis cuñados y mis sobrinos”. Una vez que aprenden a andar, la responsabilidad de la crianza pasa a otros niños mayores, perdiendo la relación simbiótica con la madre y convirtiéndose en miembros indistintos del clan familiar. “En general la madre es la que se ocupa del niño, pero si surgen problemas (otro hijo, enfermedad de la madre,…), es responsabilidad de los otros familiares. Puede darse que de algún hijo se ocupen los parientes, pero sin adoptarle, son siempre los padres los que toman las decisiones respecto a él.”

      Hay una regla importante en la cultura romaní: ser útil y de fiar. “Yo comencé a ocuparme de la casa a los siete años, cuando murió mi madre. Pero ya sabía cómo hacerlo, porque ella me lo enseñó cuando vivía y a mí me gustaba.” Y esta regla afecta tanto a hombres como a mujeres, condicionando también el papel social que pueden desempeñar. “Los niños aprenden por imitación…estando cercanos a sus hermanos y padres, aprenden de ellos.” Pero lo que se les pide es enormemente distinto en función del sexo. “Las niñas de nueve años, normalmente ayudan a la madre y ya no juegan más.”

      Juegos infantiles.

      Hacia los seis o siete meses se proporcionan objetos con los que jugar que no sean el cuerpo materno. La profundidad del contacto inicial con la madre permite la creación de un sentimiento de confianza en que se le proporcionará todo cuanto le es necesario. Ello facilita el desarrollo hacia el exterior.

      Anteriormente se jugaba con materiales naturales, lo que hacia que no hubiera diferencias en función del sexo. Esta costumbre tiende a desaparecer por imposición de la cultura dominante.

      El juego como instrumento de comunicación del niño no tiene cabida. Los juguetes son presentados como aprendizaje por imitación de los adultos. “Deben aprender para cuando se casen.”

      La diferenciación por sexos es a los seis o siete años cuando aparece. Es entonces que las niñas comienzan a ayudar en las tareas domésticas. La excepción a la diferenciación la constituyen los juegos con reglas precisas, como, por ejemplo, los juegos de mesa.

      Salud y ritos de protección.

      “Si no hay problemas graves, acudo a la medicina tradicional. Si no, al hospital.” Medicina tradicional se considera la medicina empírica (suministro de hierbas o minerales, compartida con la medicina oficial) y la prescripción de rituales que, entre otros aspectos, ayudan a manejar el estrés por la enfermedad.

      Para el dolor de oídos se usa la hierba de leche (cucian cuce) o se echa aceite de oliva calentado y dejado enfriar. Para la fiebre se pone aceite por todo el cuerpo, y jabón en los calcetines un poco húmedos. O friegas de agua y vinagre. Para la bronquitis se pone placenta de cordero sobre el pecho dos o tres días y se pasaba. Para un brazo roto, una vieja arreglahuesos lo masajea con un huevo y luego te tiraba hasta arreglarlo. Para los bebés que lloran, se les tumba en una tela grande y se les da tres vueltas, y dejan de llorar.

      CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Senegal.

      Continuando con el libro “Miradas de madre”, llegamos a la comunidad senegalesa.

      Embarazo.

      Entre una de las etnias de Senegal, los diola, los niños que aún no han nacido, kuhuwa, son las almas de los antepasados que, por una muerte precoz o de una transgresión cometida en vida, buscan una vientre femenino en el que cobijarse, permitiendo que tengan un nuevo ciclo de vida. Durante la espera, los kuhuwa ocupan un lugar en la penumbra, a menudo en medio acuático, que es un sitio intermedio entre el mundo de los vivos y el de los antepasados. Quizá es por esto que suelen decir que “el niño recién nacido es todo agua, se puede modelar a nuestro antojo”.

      La invasión del día a día del embarazo por parte de la medicina occidental no se ha difundido mucho en Senegal: “se hacen algunas visitas médicas durante el embarazo, en la ciudad o en el centro de salud más cercano…las ecografías no son muy frecuentes para quien no se puede permitir pagarlas y se hacen, como mucho, una o dos veces.” La medicina tradicional tiene en esta comunidad una función tranquilizadora: “usamos la manteca de karité para masajear el cuerpo y el vientre, así la piel queda sin señales, duchas tibias para relajarse, caminatas y reposo.”

      La tradición prohíbe a la embarazada algunos alimentos, en especial la sal y el azúcar, que aumentan el volumen del feto, presagio de un parto difícil y quizá peligroso. La medicina moderna confirman estas indicaciones.

      La preparación del ajuar del bebé es tarea de la madre y del entero clan familiar. Siguen la moda francesa, pero adaptada a su clima. Con sus propias manos preparan el portabebés que usarán para llevarle a la espalda. Es un paño largo de varios colores, con diferencias en la forma y el modo de coser en función del sexo del bebé. La madre se envuelve con esta tela y el niño permanece el mayor tiempo posible en contacto con ella. Los pañales se preparan con pedazos de algodón blanco, en contacto directo con la piel.

      El descanso, el evitar las emociones demasiado intensas y los olores fuertes, una dieta equilibrada son los recursos tradicionales para crear un ambiente protector para el niño y la madre. Según se acerca el momento del parto, más se recurren a ritos del mundo simbólico de la tradición: “para favorecer un buen parto se machacan en el mortero algunas hierbas especiales con agua y se dejan macerar, después se da una ducha templada y se pasa junto al mortero, dándole una patada para tirar todo el contenido, esto ayuda a la salida del niño…en el último mes se bebe un agua especial, preparada con una infusión de una roca y de una hoja particular, que viene de Arabia Saudí”.

      Nacimiento.

      Es un momento exclusivamente femenino, la presencia del padre es algo excepcional. El lugar del parto refleja las diferencias sociales y territoriales: “hoy en día el parto tiene lugar en el hospital, sólo se da en casa en el campo.” La mayor parte de los nacimientos tienen lugar en casa: “mi abuela vive en el campo, es la ostetra del pueblo y usa medicina tradicional”. Ser ostetra significa haber adquirido experiencia en el sector asistiendo a muchos partos.

      El cordón umbilical se seca y conserva como medicamento contra el dolor de tripa del niño, sumergiendo un paño en el agua hirviendo con el compuesto, que el bebé debía ingerir. Cuando el cordón está exangüe, se ata a la base un hilo de algodón. El punto de corte, a unos diez centímetros del vientre materno, se pone sobre un tallo de mijo. Lentamente se corta en tres secuencias distintas. Entre ellas se producen pausas, en las que se invoca el nombre de Allah, y se toca con la hoja del cuchillo la frente de la mujer que corta y la de las otras asistentes al parto.

      La placenta se entierra en una ceremonia similar a la del corte del prepucio. Hay una cierta creencia a pensar que si una persona se aleja del lugar donde reposa su placenta, está potencialmente en peligro. Los hospitales, actualmente, no dan la placenta a la familia.

      Al recién nacido se le ata una bolsa minúscula de tela que contiene algunos versos del Corán, y que anteriormente usó otro niño que creció sano.

      Puerperio.

      Los ritos de ingreso en la sociedad tienen lugar al séptimo día, cuando el cordón ya se ha secado y caído. El niño pierde el estado húmedo inicial y accede a una nueva etapa, en la que sale de casa como si fuera una tumba y renace un antepasado. En la fiesta se enseña al bebé el cielo, la tierra, los cuatro puntos cardinales y todos los lugares del universo doméstico en el que vivirá.

      La pertenencia a la familia viene confirmada en una fiesta en la casa paterna, donde el padre corta un mechón de pelo y confirma públicamente el nombre. El apellido es siempre el paterno e indica el grupo étnico senegalés al que se pertenece en función de la tradicional división del trabajo (castas). El mechón puede ser conservado en una bolsita que el niño llevará siempre consigo, colgada del cuello. La elección del nombre es un asunto masculino, siendo una concesión voluntaria la participación de la madre. Sigue una complicada jerarquía islámica y local. En cualquiera de los casos, el nombre no se debe pronunciar durante el embarazo, sólo en el nacimiento, tanto por desconocer el sexo del bebé como por no haberle asignado aún un puesto en el ciclo de la vida que se inicia.

      Cuidado del bebé.

      Los niños crecen en estrecho contacto con el cuerpo materno, siendo la base de una lactancia prolongada. Se busca eliminar todas las experiencias negativas para el bebé. La casa tiene un cuidado ambiente en lo que se refiere a sonidos y aromas, cerrada al exterior y adaptado para proteger la diada mamá-bebé durante el período inicial. La madre no es la única que da el pecho al hijo: “los niños son educados por todos”. Con el comienzo de la introducción de sólidos, la madre delega el cuidado en tías, cuñadas, hermanas mayores, otras esposas del marido, suegra, etc. Es lógico, puesto que en las casas conviven tres generaciones al menos. Las funciones maternas y paternas vienen desarrolladas por el grupo entero.

      El primer ambiente que el niño conoce es el cuerpo materno: “el bebé está siempre con nosotras, en el portabebés o en brazos”. Es una coincidencia completa entre sus deseos y sus necesidades y la capacidad materna de dar una respuesta adecuada. Si esta respuesta es satisfactoria, el niño se construye una adecuada representación de sí mismo y del mundo que le rodea.

      El contacto cotidiano viene garantizado durante el masaje ritual, el transporte a la espalda durante las labores domésticas, la compartición de la cama con la madre y del paso de unos brazos a otros en el espacio doméstico. La estimulación constante produce un precocidad en el desarrollo motóreo y en la atención visual: “nuestros niños mueven los ojos y se hacen comprender ya desde el primer mes.” El pecho se da a demanda durante un año y medio o dos, durante el día y la noche. Incluso mientras se planea un destete, no se niegan las tomas nocturnas. Las madres afirman que los niños no se chupan el dedo, porque siempre tienen el pecho disponible.

      La madre encuentra una gran libertad de movimientos gracias a la presencia constante de otros miembros de la familia que se ocupen del niño. Incluso en la ciudad, careciendo de parientes, las bonne (colaboradoras familiares) se encuentran a un precio asequible. Los niños pasan de mano en mano sin que ningún intercambio verbal se haga al respecto, sin interrumpir la conversación. La madre no tiene sentimientos de exclusividad respecto al niño.

      La fase de dependencia se interrumpe bruscamente con la aparición de un nuevo hermano, dando paso a lazos fuertes con otros familiares, que se esfuerzan en recrear una relación estrecha para paliar la separación. Otra nueva etapa tiene lugar para los varones con la circuncisión. Muchos de ellos abandonan el mundo femenino materno, pasando a ingresar en el masculino, dejando la habitación de la madre (pasan a compartir habitación con hermanos y primos) y abandonando algunos rituales como el baño de purificación. El padre entra en juego, dictando las reglas de la crianza.

      Hacia los cuatro o cinco meses se comienza a introducir otras comidas que no sean la leche materna. La salida de los dientes es la señal para ello. Se comienza con cremas de cereales o purés de verduras. Los adultos comen con las manos, con tres dedos, sentados por el suelo en círculo, con un plato central con carne, cereales y verduras. Los pequeños se sientan en sus piernas, y se les ayuda a tomar la comida del plato común, con lo que aprenden las reglas sociales adultas, como estar callados, permitir que el padre y los invitados tomen los mejores trozos, etc.

      Sueño.

      “Todos miran a los niños, todos hablan con ellos, todos les tranquilizan si tienen sueño, todos cantan las nanas. Te lo pones al pecho y le acunas, así se duerme.” El bebé participa en la vida diurna, pegado al cuerpo de la madre. Y también la nocturna, compartiendo la cama matrimonial o la del grupo de mujeres, separada de la de los hombres.

      Vestimenta, higiene y masaje.

      La ropa se confecciona en casa o se recibe de segunda mano de los familiares. Raramente se compra.

      Los rituales de limpieza tienen lugar a diario. Dependiendo de la abundancia de agua en la zona, se hace una inmersión o una aspersión. Al menos se les lava una vez al día, a veces, dos. Tras la limpieza se les da un masaje vigoroso con manteca de karité. Comienza por la cabeza y la cara, para dar una forma armoniosa, se continúa con las extremidades y se termina con la espalda. Hay una maniobra final cuyo objetivo es alargar las articulaciones, suspendiendo la cabeza entre las manos de la madre. El cuello así se alarga, y se considera que otorga belleza a las niñas y coraje a los niños.

      Hay una gran obsesión con el cierre del cráneo, que podría si no permitir la entrada de maleficios. El masaje para endurecer la cabeza se hace con manteca de karité o con manteca de cacahuete o con unas piedras negras llamadas “del mar Muerto”, que se mojan y se pasan por el pelo.

      Dientes.

      Para aliviar las molestias asociadas a su aparición, se les da una mezcla de agua, manteca de karité y miel, y se les ducha con agua caliente. Cuando la dentadura está completa se considera que el niño puede comer de todo y el destete se considera ya irreversible si no se ha producido anteriormente.

      Desarrollo motóreo.

      El fuerte lazo con el cuerpo materno, acompañado de estímulos táctiles, sonoros y visuales, favorecen mucho el desarrollo motóreo, permitiendo experimentar una autonomía del círculo protector familiar para reencontrarlo casi a la vez, en un juego simbólico de alejamiento/acercamiento que confirma el papel de la madre con un buen apoyo.

      Las madres no muestran ninguna prisa por que aprendan a caminar. Se les deja gatear cuando no son portados, hasta que aprenden a ponerse de pie solos. Algunas investigaciones muestran un precoz desarrollo motóreo de niños senegaleses y ugandeses, hasta los dieciocho o veinte meses.

      Los niños son estimulados a aprender a sentarse pronto, sobre todo las niñas, para no tener la cadera estrecha y facilitar el parto en el futuro.

      Control de esfínteres.

      Aunque hay una gran atención y tolerancia a los ritmos naturales del niño, la precocidad motórea es un punto de apoyo para el control de esfínteres a edades tempranas: “ya que aprenden temprano a estar sentados, a partir de los seis meses comenzamos a usar el orinal, conociendo sus ritmos a los ocho o nueve meses comienzan el control diurno.” El clima cálido de Senegal ayuda al autoconocimiento infantil en este proceso, no parece ser un entrenamiento “extraño” ni un chantaje. “Les dejamos desnudos y les enseñamos el pis y la caca que salen. En Europa es más difícil, porque hace más frío y no se les puede quitar la ropa.” “Por la noche es distinto, tardan más, dejamos el orinal en la habitación y si nos llaman les ponemos.”

      No se considera un proceso angustioso, sino una etapa más del crecimiento.

      Juegos.

      Los objetos externos, diferentes del cuerpo materno, se introducen a los seis meses. Mirar algo más que la madre viene dado por nuevas fuentes de interés para el oído, la vista, y relacionándose con los otros. Los juguetes son en esta etapa materiales naturales como las piedras, sonajeros, y muñecas caseras de trapo. No se acostumbra a usar peluches, porque es corriente tener en casa animales, incluso gallinas y ovejas.

      Salud infantil y ritos de protección.

      No hay una relación fluida entre medicina occidental y medicina tradicional. La figura del médico debe responder a algunas características particulares según la tradición islámica, para determinar que sea confiable: “debe ser intuitivo, sagaz, de noble temperamento. Si le falta la lógica, no puede ser perspicaz. Si le falta la ayuda divina, no puede ser intuitivo. Quien no es intuitivo no puede acertar la causa del mal, ni identificar la enfermedad y por tanto indicar una cura correcta.”

      Durante el primer año de vida se pintan los ojos con kajal, para evitar las infecciones. Y como ya se ha indicado antes, una mezcla de mateca de karité, agua y miel para el dolor de vientre. Con la misma finalidad, se usa el cordón umbilical secado.

      Bajo la cama se pone un cuchillo para enfrentarse a los espíritus malignos. Y también una escoba pequeña de sorgo, para barrerlos antes de dormir. Bajo la almohada se pone carbón negro para evitar pesadillas y gritos nocturnos.

      CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Túnez.

      Lia Chinosi cuenta en su libro que la comunidad tunecina es de las más reservadas, y que solamente pudo hablar con madres inmigrantes los sábados por la tarde, cuando los niños iban a la escuela coránica con los padres. Entre ellas demostraban gran hermandad, solidaridad femenina, que ayudaba mucho a soportar la distancia con su país de origen.

      Planificación familiar.

      El número de hijos está por ley limitado a tres. Si una pareja desea tener más hijos, puede hacerlo, pero recibirá sólo para los tres primeros los servicios estatales.

      Niño o niña

      Aunque haya preferencia por tener descendientes varones, la noticia de un embarazo es siempre recibida con gran alegría. Las niñas son consideradas, además, como una inversión, ya que su futuro marido deberá pagar por ella una dote. A pesar de ello, hay preferencia por el nacimiento de un varón, ya que, la mujer deberá dejar la casa familiar al casarse, con lo cual su pertenencia al grupo se interrumpe, es alguien que se sabe desde el principio que está de paso en la casa, que no alegrará la vejez de sus padres.

      Otro factor que pesa en la preferencia por el varón es que existe una jerarquía en el clan familiar. La madre/matriarca es la soberana de la vida de sus hijos varones y sus cónyuges. No existe la palabra suegra, se designa como mamá.

      Preparativos del ajuar infantil

      No es tarea exclusiva de la madre, sino que es completado con regalos de parientes y amigos. Los pañales no suelen ser desechables, sino que se hacen en casa con trozos de tela rectangulares, con la parte interna de tela y la externa con triángulos de plástico. La tela suele ser usada, para que sea más suave.

      Embarazo

      La tradición de dirigirse a las comadronas (mujeres sabias, expresión directamente tomada del francés) se pierde poco a poco a favor de los médicos.

      Las mujeres que trabajan fuera de casa, antes del parto tienen derecho a un mes de baja, y a seis después del mismo. Si pasado este período debe reincorporarse, su suegra o una hermana cuidan del bebé. Durante la gestación se rebajan las cargas de trabajo doméstico, que recaen sobre los otros miembros del grupo, particularmente las mujeres.

      Parto

      Actualmente, la mayor parte de las mujeres opta por parir en hospital, al modo occidental. El parto en casa es minoritario, y se da más en zonas rurales. La costumbre es llegar al centro médico lo más tarde posible, después de romper aguas.

      El parto ha perdido el significado social que tenía antiguamente, ya que está prohibido el acceso de familiares, las mujeres paren solas e inmediatamente se les aleja del bebé. Así se rompe el lazo concepción/nacimiento descrito en el Corán y en la Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza (siglo X), que hablan mes a mes de la evolución de la concepción hasta llegar a la “forma humana”.

      Según un texto de la segunda mitad del s.XX, el parto tenía lugar sobre una piel de cordero sacrificado en la fiesta de Aid el Kebir (peregrinaje a la Meca). Otras veces en un agujero excavado en la tierra o en la arena. La partera se presentaba con todos los instrumentos de su profesión: un recipiente de cobre decorado con versos del Corán, un clavo, una guindilla seca, comino, una vela, un recipiente de seda verde con una navaja y un hilo rojo. El clavo y la guindilla eran para deshacer el mal de ojo. La vela se debía encender en el momento del nacimiento, para que toda la vida del niño sea rodeada de luz. La navaja para cortar el cordón umbilical y el hilo rojo para atarlo. El comino, después de machacarlo, se esparcía sobre el cuerpo del recién nacido, para darle un color luminoso a la piel. Tras soltar los cabellos de la parturienta y asegurarse de que no hay nada en la casa que se asocie a un cierre (deben estar abiertos los cajones, cerraduras, botones, cadenas, etc), desata las ropas y comienza a ayudar a la expulsión del feto. Tras el parto, la madre es envuelta en dos trapos de lana, la placenta se entierra y se viste el bebé con una camiseta y ropa estrecha. A la parturienta se le da una tisana hecha con higos secos, algarroba y uva pasa.

      Puerperio

      La vuelta a casa tiene lugar al día siguiente al parto. La madre encuentra una enorme y satisfactoria protección: “la madre y hermanas van a ayudar con las tareas domésticas. Sólo debe amamantar. Las mujeres con más experiencia ayudan con el niño, a distinguir sus llantos, diferenciando cuándo es de hambre, de sueño, de dolor, etc”.

      La norma de no salir de casa en cuarenta días es tradicional. Su objeto es proteger al niño de posibles enfermedades. Sí se pueden recibir visitas en este período. Se da por finalizado con un baño ritual en el hammam o baño público.

      Fiesta del nacimiento y nombre.

      La pertenencia a la umma se da al nacer, la pertenencia a la familia a los siete días. Para ello se celebra una fiesta en la que el padre acepta al niño en su casa, corta un mechón simbólico, hace público el nombre y prepara un banquete para familiares y amigos. Se sirve cus-cus, cordero y tagin. La madre, a pesar de que se considera todavía impura, participa en el banquete, ya que se hace en su propia casa. Los nombres se eligen con el criterio de que sea bonito, tradicional, o que sugiera algo bello como serenidad o felicidad. A veces se les da el nombre de los abuelos.

      Lactancia.

      En el Corán se aconseja dar el pecho hasta los dos años, liberando a la mujer de su compromiso con el Ramadán. Sólo se desteta antes de los dos años si se considera que el niño está creciendo poco. Como consecuencia de la lactancia, el niño duerme en la habitación de la madre todo este tiempo y comparte con ella el espacio doméstico. No existen las guarderías. Si la madre no lo puede hacer personalmente, otra mujer de la familia cuida al niño. Raramente se pide que lo haga otra mujer extraña a la misma.

      El pecho se da a demanda, también cuando ya se ha iniciado la alimentación complementaria. Las tomas nocturnas se consideran un momento para la comunicación privada entre madre e hijo, al que renuncian de mal grado ambos, ya que implica una separación física y el final de la compartición de la habitación.

      Tras la inmigración, se quejan de la presión del sistema sanitario occidental para abandonar la lactancia. Y han optado, generalmente, por una adaptación. “Mi hija no quería sólidos. Durante el primer año quería sólo mi leche, nada más. Después, el médico me ha obligado a comenzar una dieta sólida, y tenía que hacerlo usando la fuerza. Esto ha arruinado su vida y la mía. Con mi segundo hijo no escucharé al pediatra.”

      La introducción de otros alimentos comienza a los tres o cuatro meses. Se dan galletas, leche de vaca, fruta rallada, caldo vegetal o de carne, y un tipo de queso que se funde en el caldo. La introducción de sólidos es gradual. Se considera que se ha completado cuando los niños han probado un poco de todo, hacia la edad de un año. Pasan entonces a compartir comidas con el resto de la familia, que come de un único plato.

      Sueño y vigilia.

      Durante el día el bebé duerme en su cuna o, si es más grande, en su habitación. Por la noche, sin embargo, permanece al lado de su madre, que le duerme en brazos, al pecho y luego le lleva a la cama. Cuando se despierta durante la noche, se le da pecho, se le cambia y se le leen versos del Corán o se le cantan nanas (“duerme, duerme, niño mío, tu madre es la luna, tu padre es una estrella…”).

      Masaje

      Todos los días, por la noche, se da un masaje al niño antes de dormir, con aceite de oliva tibio. Se masajea la cabeza, el vientre, la espalda, orejas y manos. Sobre todo el vientre, para evitar gases y cólicos. La musicalidad y gestualidad que acompañan el masaje proceden de una larga tradición de cuidado del cuerpo, con ungüentos, perfumes, henna, reservados al rito femenino del baño purificador semanal, extendido a la vida cotidiana de los niños. Los pediatras confirman los beneficios de estos masajes, puesto que el aceite de oliva tiene propiedades cicatrizantes, antisépticas, sedantes, es rico en proteínas y ácidos grasos que penetran a través de la piel. Además es un momento de gran intimidad que hace que se establezca una comunicación a través del tacto, mirada y palabras.

      Primeros pasos.

      Los primeros pasos, señal de una incipiente autonomía, son facilitados enormemente por las madres. “Se comprende por los movimientos del niño cuándo quiere comenzar a caminar. Inicialmente se le pone sentado en las alfombras de casa: él busca gatear o ponerse en pie. Después se agarrará a las paredes o a los muebles para ponerse en pie. Finalmente los adultos le dan las manos, luego sólo una y posteriormente un sólo dedo. Poquito a poco caminan”. En el jardín o patio central de la casa se pone una especie de parque casero, con escalones pequeños que impidan que acceda a lugares peligrosos.

      Dentición.

      La aparición de los dientes, si provoca molestias, se alivia con trozos de pan duro. No con ella se deja la lactancia, sino que se le suministran nuevos objetos a los que transferir el gusto por mordisquear.

      Juegos y vida cotidiana de los niños.

      “El Profeta dice que los niños nacen como una página en blanco y que es tarea de los padres educarles y enseñarles la religión.” La vida cotidiana está impregnada de los dictámenes religiosos, que dan una serie de ritmos, sonidos, olores, colores, lenguajes, destinados a la benevolencia y tolerancia con los niños.

      Tanto en zonas rurales como en urbanas, los niños crecen en el harem doméstico, en compañía de las mujeres adultas y de los otros niños, compartiendo las normas y las indicaciones de toda la familia. No existen las guarderías, y si una mujer no puede cuidar ella misma de su hijo, lo hace otra mujer de la familia. Raramente se recurre a mujeres extrañas a la misma.

      La escuela infantil empieza a los tres años, pero sólo asisten cuatro horas, dos por la mañana y dos por la tarde. Confirma así a la familia como el centro educativo principal, no sustituido por la propuesta institucionalizada. La vivienda está preparada para la presencia de niños. Existe un patio central o jardín, al que dan todas las habitaciones, de modo que juegan bajo la vigilancia de todos.

      Cuando el niño alcanza una edad en la que se considera que es capaz de comprender las reglas, al infringirlas es castigado, incluso físicamente y hasta en las escuelas.

      Los juguetes se construyen en casa y son diferenciados según el sexo del destinatario. “Cuando era pequeña, para hacer una muñeca se hacía una cruz con dos palos para el cuerpo y los brazos, para la cabeza se vaciaba un huevo que luego se pintaba y un trocito de tela para el vestido. El juguete era propiedad del niño, no pasaba luego a sus hermanos.” El aprendizaje venía marcado por la figura materna y por el resto de familiares, pasando a un segundo plano los juguetes y el número disponible de los mismos. Muchos juegos se hacían con materiales naturales, como los huesos de los albaricoques como una especie de canicas, o un juego de habilidad con las piedras.

      Actualmente los juguetes se compran, ya no se hacen en casa. Y se busca un primer objeto que sea de plástico para poder metérselo en la boca y que haga ruido. Al aumentar sus competencias motóreas, los juegos se diferencian en función del sexo. “Los niños juegan con arcos y flechas, o con las bicicletas. Las niñas juegan con muñecas, o con cacharritos para hacer comiditas.”

      Corán y transmisión de normas.

      Los límites y las prohibiciones vienen dadas por el libro sagrado. “Dice que los niños no deben mentir ni decir palabras malsonantes. A partir de los siete años debe rezar y realizar los baños rituales. Desde pequeños se les enseña que no deben tocar las cosas de los otros y deben respetar a los ancianos y obedecer a los padres.” La transmisión de normas se hace a través de cuentos y narraciones.

      Salud.

      El sistema sanitario tunecino, aún habiendo heredado una organización francesa, acepta la presencia simultánea de la medicina tradicional. “Si el niño no se encuentra bien, una curandera le mira las manos, determina qué tiene y da hierbas a la madre para curarle. Para el dolor de tripa se da una hierba de sabor desagradable, que se toma con trigo sarraceno. Para la fiebre, un destilado de flores de azahar y melisa, con un poco de azúcar. Para el catarro, se usa limón y aceite de oliva, o ajo y aceite de oliva tibio; debe beberlo, pero también se usa como ungüento para el pecho.”

      Rituales de protección.

      La tradición recomienda rituales, concentrados en los primeros meses de vida, para garantizar la supervivencia del niño. El más común es untar con henna la palma de la mano y teñirle el pelo con esta misma sustancia. Mayor protección viene dada a las familias que peregrinan a las tumbas de hombres santos.

      CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. China II.

      El libro de Lia Chinosi “Miradas de madre” habla de la crianza en China, recopilando la información de mujeres inmigrantes en occidente. Pero se trata de un país muy grande y, por ello, muy heterogéneo. En él nos encontramos con un grupo bastante particular al que Lia Chinosi no hace referencia, probablemente por no conocerlo y no ser parte del grupo con el que trató. Se considera uno de los últimos matriarcados, aunque más bien habría que hablar de sociedad matrilineal.

      Su sociedad se organiza también en familias, pero los miembros que la forman no están vinculados por matrimonios. Básicamente la constituyen las mujeres y sus descendientes. No existe la figura del marido ni la del padre, lo más parecido a éste es un tío. Los niños cuentan con un grupo humano numeroso para cuidarles y educarles. La familia está dirigida por las mujeres, que son las que tienen el dinero y distribuyen los bienes en función de las necesidades de cada uno, y las que tienen derechos sobre los hijos.

      Para los Mosuo es impensable fundar una familia basada en la pareja heterosexual. ¿Para qué van a crear su propia familia si ya tienen una?. ¿Vivir con un extraño?

      Por supuesto, tienen y han tenido contacto con otras culturas. Pero aseguran que aprecian más la propia, puesto que la vida es más feliz y sencilla, según declaran algunos de los que han vivido un tiempo en otras regiones. Parecen tener una mayor facilidad para resolver sus conflictos

      Es una sociedad contraria al matrimonio y en la que la libertad sexual es muy alta. Los amantes no conviven, permanecen en casa de sus madres. Sus encuentros son nocturnos, visitando el hombre a la mujer y regresando a casa antes del amanecer. Las mujeres y los hombres tienen libertad para elegir pareja. Y también para romper la relación. Algo sencillo cuando el único lazo es el afecto y éste desaparece.

      Pero sería más apropiado hablar de matrilinealidad que de matriarcado. En el patriarcado el hombre establece su dominación sobre la mujer por medios coactivos, como la violencia física y psicológica, relegación social, etc. El matriarcado sería también dominación, pero de la mujer sobre el hombre. La sociedad Mosuo reparte papeles en función del sexo, pero sin ejercer ninguna coacción y creando una mayor igualdad. A ellos les corresponden las tareas de organización y pueden tener papel político. Y trabajan menos que las mujeres.

      No tengo más información sobre la crianza entre los mosuo. Pero sabiendo que su organización social es tan distinta, por fuerza lo ha de ser también el cuidado de los niños.

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