CRIANZA EN OTRAS CULTURAS. Romaníes.

Otro capítulo del libro “Miradas de madre” cuenta las costumbres de la comunidad gitana procedente de Europa Oriental, Serbia, Macedonia y Rumanía principalmente. La diversidad de origen y culturas entre ellas es notable, lo cual impide generalizar y establecer excesivas conclusiones.

De las observaciones con el grupo de madres inmigrantes en Italia, se desprende que la relación estrecha con el hijo se instaura en los primeros meses de vida, estando en contacto corporal constante. No hay límites ni reglas a este contacto: “al niño se le da de comer cuando tiene hambre, tanto en la época de lactancia exclusiva, como cuando se introducen sólidos”. La fase de dependencia se alarga mucho respecto a los cánones de los países de acogida. Los niños entre ocho y catorce meses que la autora conoció durante las entrevistas con las madres estaban en período de fusión con ellas. En las charlas (de un par de horas) se sentaban encima de las madres o a un costado, y cuando mostraban signos de disminución de la atención, se buscaba calmarles ofreciendo pecho u otra parte del cuerpo materno como la mano. No preveían llevar juguetes para entretenerles durante estos encuentros. Si se les regalaba alguno, lo manipulaban competentemente, pero no lo traían a la siguiente cita.

Niño o niña.

“ El varón es siempre más importante, porque siempre estará contigo, mientras que la hembra se marchará cuando se case”. Aunque se paga una dote por la hija, no se considera una inversión, porque es un acontecimiento que sucede una única vez, y se ve más como una futura pérdida. En cualquier caso se celebra una gran fiesta por el nacimiento, sea niño o niña.

Señales de embarazo.

Algunas mujeres se hacen un test de embarazo con la falta de menstruación. Otras afirman saber estar embarazadas desde el momento mismo de la concepción, mostrando un notable conocimiento de su cuerpo. No aceptan controles médicos, no quieren invasiones externas por parte de los médicos. Sin embargo, las que han nacido y crecido en la Europa Occidental sí que se someten a control sanitario.

Preparación del ajuar infantil.

Durante el embarazo no se preparan ni vestidos, ni objetos para preparar la habitación, ni juegos para el bebé, porque “trae mala suerte”. Apenas tiene lugar el parto, el padre o la abuela se hacen con lo necesario.

Tradiciones durante la gestación.

Hay varios tipos.

-Para proteger: no dormir boca arriba, porque aumenta el riesgo de cesárea.

-Prohibiciones: no llevar collares, no pasar debajo de una escalera, no pasar bajo hilos suspendidos porque se arriesgan a que el bebé se ahogue con el cordón.

-Pronósticos sobre el sexo: si tienes manchas en la cara es niña, si estás más guapa es niño. O si esperas una niña se te hinchan los labios, la cara y los pies. A las mujeres se les pide que se miren las palmas de las manos de repente. Si las palmas están hacia arriba es niña, si están hacia abajo es niño. Otra variante es en función de la posición del feto en el vientre: si se apoya hacia la derecha es niño, si se mueve mucho es niña…también se asegura que si se mueve mucho, llorará con frecuencia.

Muchas de estas tradiciones eran comunes al resto de Europa hasta mediados del siglo XIX.

Los antojos se consideran una prueba de una relación estrecha con el niño. Lo que la madre ve y desea es lo que el feto a su vez quiere, y el padre o incluso el clan entero es castigado si no satisface el deseo. “Si comes algo delante de una embarazada y no le ofreces un poco, te saldrá un orzuelo en el ojo”. No es el niño el castigado con manchas en la piel por la insatisfacción de estos deseos como en otras partes.

Elección del nombre.

Los niños toman el apellido paterno y, eventualmente, el materno. La transmisión de la identidad viene dada a través del clan paterno, y toda la familia lleva el nombre del jefe del mismo, aunque las reglas no son siempre tan claras. “Algunos deciden cambiar de nombre a los catorce años, tomando el de la madre”.

Los nombres varían según el origen del clan. Los cristianos (sea ortodoxos o católicos) dan gran importancia a la elección del nombre porque crea un lazo con el santo homónimo, que le protegerá desde el nacimiento y le ayudará el día del juicio final. Para los clanes islámicos, el nombre está más relacionado con la inserción en un orden social preestablecido, teniendo en cuenta mayormente el nombre de los abuelos paternos, el de los hermanos y hermanas más queridos del padre, y sólo entonces cabe la posibilidad de un símbolo de reconocimiento del clan materno. Las mujeres, entonces, suelen poder elegir a partir del cuarto o quinto hijo, época en la que son también más libres de la familia del marido. Es frecuente dar dos nombres, el primero elegido por los abuelos y que es el que figura en documentos oficiales. El segundo es el elegido por la madre y el que usa en el día a día doméstico, en la intimidad, dejando el primero para las relaciones extra familiares.

Parto.

“Las antiguas generaciones nacían en casa, las nuevas en el hospital”. El clan entero lleva a la mujer al hospital, pero se considera un asunto femenino, y en la sala de dilatación sólo hay mujeres presentes. Cuando el parto se hacía en casa venía una mujer (la babiza) a ayudar los primeros días y a tratar el cordón umbilical. “Mi hermano nació con la placenta encima y es, efectivamente, una persona con suerte…cuando esto sucedía, la placenta se conservaba para curar enfermedades infantiles”. Hoy en día, sin embargo, la placenta es vendida por los hospitales para hacer cosméticos.

Se acostumbra a trabajar hasta el momento mismo del parto y a abandonar el hospital lo antes posible. Al salir se pasa la primera semana en casa de la suegra y, en algunos casos, en casa de la madre. Después se retoma el trabajo, con el niño en portabebés. “La suegra tras el parto lavará los platos y se ocupará de otros trabajos domésticos, porque la recién parida está impura”.

Puerperio.

Tratándose de una cultura con gran atención a la pureza, el puerperio es un período excepcional. La reclusión casera tras el parto tiene una doble función. Por una parte contribuye al descanso de la madre y por otra relaciona la impureza con el ser portadora de un eventual peligro y con dejar pasar sucesos externos peligrosos. La reclusión simbólica dura cuarenta días. “A la puesta de sol la puérpera debe estar en casa, porque algo si no le podría pasar al niño. No se puede tender la ropa al claro de luna, ni dejar las ventanas abiertas, porque la luz de la luna hace daño a los niños. Me acuerdo que cuando mi marido volvía tarde, por la noche, llevando luz de luna en su ropa, mi hijo se despertaba y sólo se calmaba cuando esas ropas se dejaban colgadas fuera.

Para las otras mujeres del clan, durante estos cuarenta días, si están menstruando no deben mirar al niño, y si lo hacen deben hacer los debidos conjuros. “Si alguien dice que tu hijo es guapo, debes alejar el mal de ojo escupiendo tres veces hacia la derecha”.

Celebración del nacimiento.

Tras la cuarentena, con la supervivencia un poco más asegurada, se celebra la fiesta del nacimiento, que implica el ingreso en la sociedad.

Para los clanes católicos se celebra el bautismo a partir de los cuarenta y cinco días. La elección de padrino y madrina es muy importante, por lo que se toma el tiempo necesario para hacerlo. “El padrino debe ser una persona honorada y gozar de la estima de la familia. Debe estar pendiente del crecimiento de su protegido y estar presente en los momentos importantes como cumpleaños, santos, confirmación…Cuando se pide oficialmente que sea padrino, se lleva una manzana roja en la que se pone una moneda, además de flores o alguna otra cosa. La familia prepara una fiesta y si el padrino acepta la manzana, acepta el encargo. “ “El día del bautizo el padrino debe ayunar. Se da el bebé desnudo al padrino o a la madrina. Ellos lo visten y lo llevan a la iglesia. La madre no va a la iglesia, pero permanece en la puerta de casa esperando hasta que vuelven y se lo dan. Ella prepara la comida para todos los que vuelven del evento. Durante la fiesta se baila, se bebe, se canta y se mata un cerdo, que se reparte entre los participantes.”

Para los clanes musulmanes la fiesta se celebra a los cuarenta y cinco días también. Para los varones coincide con la circuncisión. Quien la realiza es quien elige el nombre. Durante la fiesta se corta un mechón de pelo y se mata una oveja, que será la comida principal del día. En algunas ocasiones, el padrino (no existe la madrina) bebe un poco de vino en el que se han puesto los cabellos cortados al bebé.

Lactancia y destete.

Dar el pecho es lo más común en la cultura gitana, siendo habitual hasta los dos años y medio. Las madres ayudan al bebé a iniciar la toma. “Alzamos el paladar del niño metiendo el pulgar en la boca y empujando hacia arriba con fuerza, sujetándolo por la espalda. Esto ayuda a la toma”. El seno no se considera un objeto de deseo sexual, con lo que mostrarlo en público es indiferente, lo que permite que se amamante en público igual que en privado.

Hacia los cinco meses se inicia la introducción de otros alimentos, como sopas, cremas de arroz y queso, papillas. Hacia el año y medio ya comen los mismos alimentos que un adulto, compartiendo la misma mesa excepto en las fiestas. No hay reglas ni horarios. “Se da de comer a demanda, tanto cuando se amamanta como después”. Los horarios comienzan a introducirse con la asistencia al colegio, y para ayudarles les proporcionan algo de comer entre horas.

Vestimenta e higiene.

Aunque en la actualidad se tiende a usar pañales desechables, antes se empleaban trapos de algodón ya usado para que fueran más suaves. Los niños solían ser estrechamente vendados , costumbre habitual en gran parte de Europa hasta el siglo XIX.

En caso de salida de casa, se armaban con amuletos y portafortunas para evitar poderes maléficos.

Son importantes los rituales de limpieza para que sea puro y es habitual dar un masaje con aceite de oliva tras el baño.

Sueño y vigilia.

“Los niños duermen con la madre, en su cama. Se compra la cuna, pero luego no se usa”. Se evita que haya silencio para que duerman. De esta manera se integran mejor en la vida familiar. Se duermen con el pecho o con nanas sin música, a base de arrullos. No se da chupete.

Primeros pasos.

Se usa un tacataca o se les sujeta por las axilas para que aprendan a caminar. Suelen hacerlo hacia el año y medio, no siendo considerado como tardío, ya que el mensaje del primer período de vida es que el lazo con la madre es muy fuerte y difícil de alejarse de ella. Tras esta fase de dependencia absoluta, el deseo de explorar es apoyado por todos.

Dientes.

La salida de los dientes tiene un gran simbolismo. De hecho hay un dicho que dice “los niños no nacen con dientes”, que significa que alguien no ha aprendido a tomar decisiones. Marca el paso de una etapa pasiva a una etapa activa frente al mundo. Y se comienza a ofrecer algún objeto duro (por primera vez ya no es el seno el que se ofrece) para calmar la irritación de la encía.

Aprender a hablar.

Casi todas las madres enseñan romaní a sus hijos. Se podría considerar una lengua secreta, porque sus parlantes han atravesado muchas fronteras, tomando de ellas nuevas palabras, y porque no se usa por escrito. El vocabulario es especialmente rico para el ámbito doméstico y el afectuoso.

Además da sentido de pertenencia al grupo. Permite que se comprendan entre ellos, aunque vengan de zonas distintas.

Control de esfínteres.

Es tarea de la madre enseñarlo. Se comienza hacia el año y medio, cuando ya andan, porque el control muscular y el desarrollo se consideran ya adecuados para este paso. “Se enseña a decir caca y se les grita si no avisan. También se tiene en cuenta sus ritmos, antes de dormir o en cuanto se despiertan se les lleva al baño.” La madre, generalmente, tiene un conocimiento bastante preciso de los ritmos infantiles. El uso de pañales de tela ayuda en esto. “A mi hija, a los seis meses, le molestaba llevar el pañal sucio y daba ya señales de querer hacer pis o caca, así que empecé entonces a ponerla al orinal.”

Actividades en la vida cotidiana.

El niño pertenece a la madre, que pertenece al marido y al resto del clan, y con ello, a la suegra. No hay separación de espacios entre madre e hijo: duerme con ella, come con ella, juegan con su cuerpo (con sus manos, sus cabellos), etc. “Mi hijo es pequeño, yo lo tengo siempre en brazos porque de otra manera se hace daño, lo llevo conmigo a todas partes.”

La disponibilidad de la madre es ilimitada, y cuando el lazo es demasiado estrecho, pasa por poco tiempo al cuidado de otro miembro del clan. Jamás hay un extraño que participe en la crianza. “Antes de criar a mis hijos he criado a mis hermanos, mis cuñados y mis sobrinos”. Una vez que aprenden a andar, la responsabilidad de la crianza pasa a otros niños mayores, perdiendo la relación simbiótica con la madre y convirtiéndose en miembros indistintos del clan familiar. “En general la madre es la que se ocupa del niño, pero si surgen problemas (otro hijo, enfermedad de la madre,…), es responsabilidad de los otros familiares. Puede darse que de algún hijo se ocupen los parientes, pero sin adoptarle, son siempre los padres los que toman las decisiones respecto a él.”

Hay una regla importante en la cultura romaní: ser útil y de fiar. “Yo comencé a ocuparme de la casa a los siete años, cuando murió mi madre. Pero ya sabía cómo hacerlo, porque ella me lo enseñó cuando vivía y a mí me gustaba.” Y esta regla afecta tanto a hombres como a mujeres, condicionando también el papel social que pueden desempeñar. “Los niños aprenden por imitación…estando cercanos a sus hermanos y padres, aprenden de ellos.” Pero lo que se les pide es enormemente distinto en función del sexo. “Las niñas de nueve años, normalmente ayudan a la madre y ya no juegan más.”

Juegos infantiles.

Hacia los seis o siete meses se proporcionan objetos con los que jugar que no sean el cuerpo materno. La profundidad del contacto inicial con la madre permite la creación de un sentimiento de confianza en que se le proporcionará todo cuanto le es necesario. Ello facilita el desarrollo hacia el exterior.

Anteriormente se jugaba con materiales naturales, lo que hacia que no hubiera diferencias en función del sexo. Esta costumbre tiende a desaparecer por imposición de la cultura dominante.

El juego como instrumento de comunicación del niño no tiene cabida. Los juguetes son presentados como aprendizaje por imitación de los adultos. “Deben aprender para cuando se casen.”

La diferenciación por sexos es a los seis o siete años cuando aparece. Es entonces que las niñas comienzan a ayudar en las tareas domésticas. La excepción a la diferenciación la constituyen los juegos con reglas precisas, como, por ejemplo, los juegos de mesa.

Salud y ritos de protección.

“Si no hay problemas graves, acudo a la medicina tradicional. Si no, al hospital.” Medicina tradicional se considera la medicina empírica (suministro de hierbas o minerales, compartida con la medicina oficial) y la prescripción de rituales que, entre otros aspectos, ayudan a manejar el estrés por la enfermedad.

Para el dolor de oídos se usa la hierba de leche (cucian cuce) o se echa aceite de oliva calentado y dejado enfriar. Para la fiebre se pone aceite por todo el cuerpo, y jabón en los calcetines un poco húmedos. O friegas de agua y vinagre. Para la bronquitis se pone placenta de cordero sobre el pecho dos o tres días y se pasaba. Para un brazo roto, una vieja arreglahuesos lo masajea con un huevo y luego te tiraba hasta arreglarlo. Para los bebés que lloran, se les tumba en una tela grande y se les da tres vueltas, y dejan de llorar.

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